Por: Rodolfo Arango

Reconfiguración política

El receso legislativo de mitad de año ha servido para reconfigurar el mapa político colombiano.

Las múltiples rupturas en los partidos ofrecen un panorama abierto en la segunda mitad del período presidencial: el Partido de la U, escindido en el Puro Centro Democrático (pura derecha autocrática) y el santismo; el Polo Democrático Alternativo, con su disidencia los Progresistas; el Partido Liberal, dividido en la derecha gavirista y la social democracia de Samper y Serpa; y el Partido Verde con sus dos alas, la gobiernista de Lucho o Gilma Jiménez y la reformadora de Ángela Robledo y John Sudarsky. El MIRA y el PIN no muestran fisuras. Resta un año de trabajo legislativo antes de que los padres de la patria se dediquen a su reelección, pero desde ya se perfilan tendencias que ameritan un seguimiento detallado en los próximos meses.

Los dos partidos tradicionales, el Liberal y el Conservador, tienen el mérito de perseverar en sus idearios políticos. Los liberales, amigos del cambio, de la justicia social y de la atención a los desprotegidos, se han puesto al frente de la restitución de tierras a favor de las víctimas del conflicto. Los social conservadores perseveran en la defensa del orden y de la autoridad, en la acumulación de capital y en el crecimiento económico. Si bien ambos partidos tienen cobijo bajo el manto de la unidad nacional, ya pronto tendrán que tomar posiciones a fin de evitar su extinción por exceso de pragmatismo para acceder o mantenerse en el poder.

El reagrupamiento de la derecha pura se hace en torno a la bandera de aniquilar a la guerrilla. La patria, la familia heterosexual y la propiedad privada son valores que busca preservar con su llamado al orden, a la autoridad y a la fuerza. Esta ideología política tiene la ventaja de interpretar a parte del pueblo, a sus élites más rancias y a los grupos regionales emergentes, acostumbrados algunos a moverse en el filo de la legalidad y a combinar las formas de lucha.

Por su parte, la izquierda propugna afianzar el reconocimiento de la oposición en el sistema democrático. Sus banderas de transformación, reforma social, revolución política y redistribución económica representan a personas y sectores tradicionalmente excluidos. En sus dos tendencias, la reformista y la revolucionaria, la izquierda ideológica se divide entre quienes quieren avanzar gradualmente en la democratización de la sociedad y quienes buscan la ruptura y la reconstitución de un nuevo orden. En uno y otro caso la nacionalización de los recursos naturales y el fortalecimiento de los servicios públicos estatales deberían ser cometidos prioritarios.

El centro político, por definición, comparte aspectos de una u otra de las claras tendencias ideológicas antes descritas. Los verdes de Mockus buscan recuperar el orden y la autoridad en forma pedagógica e innovadora que incentive el respeto a la ley. Por su parte, la social democracia liberal le apunta al diálogo, la humanización de la guerra y la consolidación de una paz esquiva pero deseada, todo en procura de recuperar las otrora amplias mayorías electorales.

Otros sectores sociales, movimientos populares, iniciativas ciudadanas, todos inconformes con la forma tradicional de hacer política, buscan un espacio propio y original. Es el caso de los indignados en España, los piratas en Alemania, los verdes en Estados Unidos o los estudiantes, indígenas y campesinos en Colombia. Entre más rápido se definan estos actores en el escenario actual, más pronto sabremos hacia dónde se inclina la balanza de las tendencias políticas en Colombia.

 

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