Por: Hernán Peláez Restrepo

Reconocer

Me parece en justicia reconocer el trabajo, apoyado en buenos resultados, de dos equipos que, a estas alturas, están figurando en el grupo de clasificados a finales: Atlético Huila y Patriotas de Boyacá. El primero muestra un rendimiento del 62 %, considerando el puntaje conseguido, mientras Patriotas exhibe un 56 %, teniendo en cuenta puntos y número de juegos disputados.

Ya Néstor Craviotto, con el Pereira, estuvo a un gol de ascender a la primera categoría. Después de esa frustración se marchó, pero alguien tuvo en cuenta su trabajo y retornó para moldear un equipo sin muchos recursos económicos para invertir y con nómina modesta, sin grandes figuras. Algún cuento debe tener. En su época fue zaguero de Independiente, Banfield y Estudiantes.

Patriotas cuenta con un joven adiestrador, Diego Corredor, quien fue jugador de ese mismo equipo en los días que orientaba al grupo Hárold Rivera. Lo llamaron y simplemente aplicó el sentido común y lo poco o mucho aprendido en su función de volante. Al igual que Huila, se las arregló con un equipo empapado en espíritu de lucha y combatividad.

Por supuesto, para otros equipos encumbrados y presionados por sus propias inversiones, resulta mortificante observar el desempeño de clubes con limitaciones en varios órdenes.

Ahora que salieron Polilla, Gregorio Pérez, Alexis Mendoza y Diego Cagna, se confirman varias teorías de recurrente apelación. Siempre dije que cuando tres jugadores, en un plantel, se ponen de acuerdo, no tanto para jugar, sino para generar malestar, terminan dando al traste con los objetivos del club. Es habitual echar a los técnicos por malos resultados. Sin embargo, nunca se sabe que los planteles sean “revisados” por el papel de los jugadores Este fin de semana, Sava, técnico de Gimnasia en Argentina, fue sacado y solamente dijo “no todos los jugadores dieron lo que tenían que dar”. Más claro no canta un gallo.

Que saquen jugadores por actos de indisciplina confirmada (ocurrió recientemente con cinco del Pasto) es apenas lógico. Lo que sí se hace necesario es detectar por parte de la dirigencia si los jugadores están comprometidos con la causa y son profesionales en el sentido amplio de la palabra. Excluir técnicos es fácil y nombrar técnicos interinos también. Pero la realidad exige dejar de lado el proteccionismo a los jugadores y los mimos exagerados hacia ellos. Al fin y al cabo, los jugadores ganan o pierden partidos. El técnico es quien pierde el puesto y los maliciosos jugadores consiguen permanecer.

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2018-04-23T21:00:00-05:00

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