Por: Cecilia Orozco Tascón

Reconocimiento a la Corte

HAY QUE RECONOCER, SIN AMBAGES, que el trabajo jurídico de la Corte Constitucional, cuando concluyó que el proyecto de referendo reeleccionista era inexequible, fue impecable.

Admito que me equivoqué en mis pronósticos porque calculé que la mayoría de miembros del alto tribunal sucumbiría ante las presiones inmorales del Gobierno y sus aliados. No fue así. Y me alegro porque recupero un poco de confianza en el país, al constatar que subsiste la separación de poderes a pesar de los gravísimos ataques orquestados desde la propia Casa de Nariño contra la Rama Judicial. En este reconocimiento es justo mencionar con nombre y apellido a Humberto Sierra Porto, cuya ponencia fue tan contundente que convenció a algunos de sus colegas renuentes.

Critiqué a Sierra cuando dije —y no mentía— que recibió en su despacho, más de una vez, al variopinto presidente del Congreso, Javier Cáceres, representante de la venalidad de nuestro Parlamento y quien se empeñó en ‘saludar’ al ponente, justo antes de que éste le entregara sus análisis  a la Sala Plena. Persisto en mi crítica porque estoy convencida de que la responsabilidad ética de los togados en esta etapa política de la Nación es tan grande, que ellos no deben ser apenas honestos, sino además parecerlo, como se predicaba de la mujer del César. No obstante, la imprudencia que implicó aceptar esas reuniones, debe resaltarse que las intenciones de Cáceres se frustraron ante la formación de juez que sacó a relucir Sierra. De los tres magistrados que llegaron al tribunal constitucional candidatizados por el Presidente, sobresalió María Victoria Calle. Ésta actuó de acuerdo con su conciencia, en contraste con la volubilidad de su compañera de género en la Corte de hace cuatro años, que terminó admitiendo la primera reelección. La conducta de Calle es encomiable, además, ante la sumisión de Jorge Pretelt (protegido permanente de Uribe) y de Mauricio González, ex secretario Jurídico del Ejecutivo. De este último, sin embargo, es justo admitir que actuó con el decoro que le corresponde al presidente de la Corte, durante la rueda de prensa.

No he tenido buena opinión de Nilson Pinilla. Me parece, entre otras razones, que su vanidad arrolla su formación jurídica. Pero, votó con la mayoría y ese es un punto importante a su favor. Esto es una cosa. Otra, que le creamos que “casualmente” hubiera concertado el día anterior a la decisión una cita con el actual secretario Jurídico de Presidencia, Edmundo del Castillo. Y que también, de repente, hubiera llegado a su despacho ese mismo día la candidata a Fiscal General Margarita Cabello. Del Castillo habría ido a expresarle “solidaridad” a Pinilla y a hablarle de otros asuntos; de Cabello no se informó nada significativo, pero si ella es tan ingenua o tan torpe como para no saber que su presencia en el Palacio de Justicia era inoportuna en ese momento, no me imagino cómo podría enfrentar el monstruo que es la Fiscalía General. Peor parada quedaría la doctora Cabello si es cierto, como se alcanzó a insinuar, que estaba pidiéndole apoyos a Pinilla con sus antiguos colegas de la Corte Suprema. Primero: sería una falta de respeto con sus electores. Segundo, ¿nos resultó lagartica? A la Corte le reconocemos, pues, su sentencia. Y si sus miembros quieren ser discretos, que callen la identidad de quienes los acosaron. Pero que no digan que nadie los presionó porque todos conocemos de sobra el talante del Presidente y sus funcionarios. ¡No en vano ya están proponiendo asamblea constituyente y hasta “vacaciones” para que Uribe pueda hacer campaña!

 

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