Por: Iván Mejía Álvarez

Reconstrucción

Del partido no vale la pena escribir una línea más. Un esperpento táctico en la planificación, una macabra obra en la ejecución y un resultado final acorde con lo que se vio en la cancha donde sólo hubo un equipo jugando al fútbol y otro dedicado a pegar y pegar como símbolo de la impotencia en la idea y en la horrorosa puesta en escena.

Es hora de volver a iniciar, de reconstruir sobre ideas claras. La primera es sintonizar al técnico y preguntarle claramente si está a gusto y quiere seguir, pero cambiando algunas reglas de juego. No se pueden repetir los partiditos de pipiripao ante rivales “chatarra” para mantener un puesto en un escalafón FIFA que no significó dinero y que sólo sirvió para vender ilusiones. El calendario internacional debe planificarse con antelación, contra rivales que nos enseñen, que nos midan de verdad. Y esto obliga a que Pékerman y su representante, el nefasto señor Lezcano sin el cual el técnico argentino parece que no modula o articula una sola palabra, digan claramente qué quieren y no dilaten la toma de decisiones hasta que sus amigotes de Full Play los embarquen en los partiduchos que ya se conocen.

Es tiempo de recomponer las convocatorias. El técnico tiene derecho a utilizar los jugadores de su riñón, pero no puede rebelarse a una verdad evidente: la mayoría de ellos llegaron a la Copa América carentes de ritmo, con pocos minutos de juego, con lacerantes dolencias físicas. Es preferible uno nuevo en el 100% que un “conocido” en el 40%.

A Pékerman no le interesan los jugadores del torneo local y los desecha de una manera arbitraria y temeraria. En el campeonato local hay futbolistas de mayor valía que muchos de los que el técnico llama a sus convocatorias. Debe volverse a los microciclos de trabajo con los locales, conocerlos, diagnosticarlos, dimensionarlos. El recambio de nómina tiene que partir del conocimiento mutuo: los jugadores con las exigencias del técnico y éste con las aptitudes de los nuevos referidos.

Sólo hay una fecha FIFA antes de las eliminatorias, entre la ultima semana de agosto y la primera de septiembre, por lo que hay que trabajar desde mañana mismo en la refundación de la selección, en la reconstrucción. Los galones y charreteras que ganó con méritos el técnico en el Mundial los perdió con la improvisación y el pésimo trabajo en la Copa América. Por eso, hay que volver a generar confianza y trabajar, trabajar y trabajar, algo que desde septiembre, cuando firmó su segundo contrato, no hace el señor Pékerman.

Don José tiene la última palabra, él dirá si tiene ganas, si quiere, si le sigue seduciendo el proyecto y quiere arrancar o si pretende seguir viviendo de Brasil 2014.

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