Por: Elisabeth Ungar Bleier

Reconstruir colectivamente el tejido social

LA PÉRDIDA DE VIDAS DE FAMILIAres, vecinos y amigos; los daños en las viviendas y edificaciones y perjuicios materiales; abandonar la tierra, bienes, cultivos, negocios y recuerdos son algunas de las consecuencias de los desastres naturales.

Pero quizás uno de los efectos más devastadores, aunque en apariencia menos visible, es su impacto en el tejido social, el cual se resquebraja y se resiente a la par del entorno físico y emocional.

Recomponer los lazos colectivos y los vínculos de identidad de los habitantes de una región, municipio o barrio es uno de los mayores retos que enfrentan las entidades y las personas responsables de atender las emergencias y de diseñar e implementar los planes de reconstrucción. Pero infortunadamente, este es uno de los temas que reciben menor atención y la experiencia que está viviendo el país como resultado de la ola invernal no es una excepción.

Reconstruir el tejido social de una comunidad sólo se logra con la participación de todos los actores. Del Estado, de los medios de comunicación, de la empresa privada, de los organismos de cooperación internacional y de manera muy visible de la sociedad civil y sus organizaciones. Pero además, debe estar presente en todas las fases del proceso.

La falta de participación de los damnificados por la reciente ola invernal en las decisiones acerca de la ayuda humanitaria ha sido identificada como una de las falencias del proceso de atención a los damnificados. Así lo confirma un informe realizado por OXFAM, a partir de consultas realizadas por esta organización internacional con personas afectadas y con representantes de agencias humanitarias. Si bien se podría argumentar que la magnitud de la emergencia no daba espera y que la participación ciudadana no era una prioridad, sí llama la atención que transcurridos cerca de seis meses desde el inicio de la temporada invernal no se hayan dado pasos concretos para garantizar que la ciudadanía pueda ejercer un efectivo control social sobre los recursos destinados a la atención de la emergencia, a la rehabilitación y a la reconstrucción, así como sobre los beneficiarios y el desarrollo de las obras y participar en las instancias de coordinación y de decisión.

Esto va de la mano de la falta de mecanismos de información y de rendición de cuentas permanentes, en tiempo real y de fácil acceso a los ciudadanos y a los funcionarios públicos sobre estos temas. Aun cuando el Gobierno nacional y las autoridades locales han realizado esfuerzos para hacer más transparentes estos procesos, los logros son incipientes y van a la zaga de los hechos.

Es inaplazable promover una reflexión pública sobre la necesidad de que la participación ciudadana, la rendición de cuentas y el acceso a la información no sean percibidos como un problema, o como un obstáculo para la oportuna y adecuada atención humanitaria, sino como parte de la solución. Sólo así podrá comenzar a reconstruirse colectivamente el tejido social, que es un pilar del desarrollo humano.

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