Por: Eduardo Sarmiento

Rectificaciones fiscales

Luego de varios meses de perplejidad, el Gobierno está dando las primeras puntadas para enfrentar las caídas de los precios del petróleo. El ministro de Hacienda anunció un recorte de $6 billones a los programas oficiales de gasto público. Asimismo, conformó una flamante comisión para adelantar la reforma tributaria estructural.

En varias oportunidades he señalado que el estado actual de la economía es el resultado de un modelo económico que le dio prioridad a la minería sobre todos los sectores, dejó libre el tipo de cambio y la inversión extranjera, y firmó toda clase de TLC. La solución es un nuevo modelo que cambie las prioridades sectoriales, regule el tipo de cambio, reviva los aranceles y avance en una política industrial y agrícola.

No es fácil entender el recorte de gasto fiscal. La caída de los precios del petróleo configuró un monumental déficit en cuenta corriente que, por un lado, reduce la disponibilidad de divisas y dispara la devaluación, y por otro, ocasiona una fuerte contracción de demanda. La austeridad fiscal modera el primer efecto a cambio de agravar el último. La economía queda expuesta a una fuerte contracción de demanda que acentúa la caída de la actividad productiva, disminuye los pedidos y aumenta las existencias.

La comisión fiscal para adelantar la reforma tributaria estructural es un cuento trillado que viene de hace diez años. En el fondo es un artificio para justificar los errores de las reformas tributarias. En la administración Uribe, cuando se desempeñaba como ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla, se convocó una gran comisión designada por los partidos políticos para realizar la misma tarea. El grupo se reunió en varias oportunidades para escuchar las propuestas oficiales, que eran muy parecidas a las dadas en la actualidad por la OCDE. Sin embargo, la comisión se desintegró, en parte, por la abierta discrepancia entre las propuestas oficiales y los criterios de los participantes. No sobra señalar que entre las propuestas oficiales se destacaban la sustitución de la tributación directa por la indirecta, la ampliación del IVA a los productos de primera necesidad, la eliminación del sistema pensional de prima media y el pago de mesadas pensionales por debajo del salario mínimo.

Curiosamente, el Gobierno anuncia que empleará la política fiscal para contrarrestar el choque de la caída de los precios externos y rectificar los errores de las reformas tributarias anteriores. Como un instrumento de política no puede lograr tantos objetivos, el resultado es un manejo de pare y siga en que un día se bajan los impuestos al capital, otro día se suben con el argumento de que existe un cuantioso hueco fiscal y luego resulta que el hueco fiscal es un simple artificio de cifras. Por lo demás, la reforma estructural es una vieja idea que replica de la propuesta de la OCDE. En el fondo, no va más allá que bajar los impuestos a las empresas y al capital, y sustituirlos por un aumento del impuesto al valor agregado (IVA), y si acaso gravar los dividendos. Es la clásica estructura tributaria proporcional al ingreso, que es muy poco efectiva para reducir las desigualdades en los países donde la mayoría de la población es pobre.

En lugar de cambiar el modelo que tiene la economía en un estado de devaluación desbordada, desplome de las exportaciones, caída de los índices de producción, todas las fallas se enfrentan con un instrumento violando el principio científico de la igualdad de instrumentos y objetivos. Por ahora, es claro que las decisiones fiscales no lograrán contrarrestar los efectos contractivos de la caída de los precios del petróleo, ni las inequitativas de las reformas anteriores. En el fondo, son juegos para mantener el modelo que tiene a Colombia y América Latina ante graves presiones recesivas y desajustes de balanza de pagos.

 

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