Por: Aura Lucía Mera

Recuento cultural

El Ministerio de Cultura acaba de celebrar sus 20 años. Como dice el tango: “20 años no son nada”. La verdad es que Colombia empezó a tomar en serio la cultura y otorgarle categoría oficial desde 1935 en que se creó, dependiendo del Ministerio de Educación, la Oficina de Extensión Cultural y Bellas Artes, haciendo hincapié en las investigaciones arqueológicas.

Ya en 1945 se creó el Instituto Etnológico Nacional apoyando estudios de antropología. En el 49 nacieron el Instituto Caro y Cuervo y la Academia de la Lengua, y se despertó el interés por apoyar la cinematografía. Pero sólo hasta 1968 el presidente Carlos Lleras Restrepo le dio vía libre al Instituto Colombiano de Cultura, que sienta las directrices para abarcar todos los aspectos culturales del país, con tres subdirecciones específicas, como Patrimonio Nacional, Bellas Artes y Comunicaciones.

Instituto autónomo, aunque oficialmente dependía del Ministerio de Educación. Si no me falla la memoria, Jorge Rojas, el poeta insigne, fue su primer director. Con el pasar de los años Colcultura fue adquiriendo importancia y dejó de ser la absoluta cenicienta del presupuesto nacional.

La capacidad de trabajo, pasión y mística que le consagró Gloria Zea, la primera directora mujer que estuvo a cargo de la institución, le dieron un sello y categoría especial. Creo que nadie puede referirse al desarrollo cultural de Colombia sin recordar su nombre y rendirle un reconocimiento de gratitud.

A mí me tocó ser su sucesora y recibí un instituto pujante y bien organizado. Tuve la oportunidad de continuar su tarea, hacer ajustes necesarios porque todo tiene su estilo de evolución, y la experiencia única de organizar el agasajo y la fiesta inolvidable de Gabriel García Márquez en Estocolmo, cuando fue a recibir el Premio Nobel de Literatura. Con la colaboración de un equipo sensacional, y destaco la labor de la antropóloga Gloria Triana, quien seleccionó los grupos folclóricos que representarían a Colombia, logramos partir en dos la historia de la entrega del galardón en el país nórdico. Un antes y un después.

Ya en 1997, el presidente Ernesto Samper subió de categoría el Instituto y pasó a ser Ministerio. Ramiro Osorio y Consuelo Araújo Noguera, la “Cacica”, fueron sus primeros ministros.

El espacio se acorta. Quiero en esta columna felicitar a Mariana Garcés por su excelente desempeño como ministra de Cultura. He tenido con ella desacuerdos de otro cariz, pero me le quito el sombrero. Ha encauzado esta compleja labor cultural, intangible, minuciosa y muchas veces desagradecida, a niveles antes utópicos, ya convertidos en realidades tangibles. Llevando la lectura a sitios remotos, apoyando manifestaciones folclóricas, respetando todas las infinitas tradiciones y diversidades, creyendo en el potencial de los cineastas, los músicos, la creatividad de los jóvenes, las artes plásticas… sería largo enumerar todos los matices que abarcan la cultura, porque la cultura es el alma de los pueblos, es todo.

Mariana entendió que la “cultura” no se dicta ni se hace por decreto. Se apoya y se le abren puertas. Y así se reconstruye un nuevo país. De nuevo, felicitaciones a Mariana y su equipo de lujo. ¡Buena mar!

 

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