IV Encuentro de Liderazgos LGBT: A enfrentar el conservadurismo religioso

hace 1 día
Por: Fernando Araújo Vélez

Recuerda que eres mortal

Hoy, y a esta hora, es el tiempo de decir que no, “preferiría no tener que hacerlo”, como decía Bartleby el escribiente. De encontrar un camino más allá o más acá de todos los caminos ya delineados, de quemar los libros de texto y los códigos de las interminables leyes que nos imponen, y comenzar a hacer nuestros propios textos, con nuestro bien y nuestro mal. Es el tiempo de despercudirnos de tantos siglos de mandamientos, de mandamases, mandatos y mandados, y mandarnos a nosotros mismos.

Hoy, a esta hora, es el tiempo de las revoluciones, de las pequeñas, las medianas y las grandes, siempre y cuando sean revoluciones por todos y, ojalá, con todos. Es tiempo de decir, con Nicanor Parra, “Ha pasado demasiada sangre bajo los puentes para seguir creyendo —creo yo— que solo se puede seguir un camino”, y es el tiempo de pintar una barca en un mar, subirnos en ella y desaparecer por un largo rato, hasta que pase la tormenta.

Hoy, a esta hora, es el tiempo de todos si nos atrevemos a comprender y nos repetimos aquello que les decían a los emperadores romanos cuando eran coronados: “recuerda que eres mortal”. Es el tiempo de jugar, como cuando éramos niños, y que ganar o perder no sea el problema, sino seguir jugando. Es el tiempo de sumar el blanco con el negro, con el rojo, con el verde y el amarillo y que de ahí surjan nuevos colores y nuevas maneras de sumar.

Es el tiempo de colorear nuestros propios monstruos, perdernos el miedo, salirnos de las márgenes y seguir saliéndonos de las márgenes, hasta que nuestros colores se mezclen con los colores de otros monstruos. Hoy, y a esta hora exactamente, como cantaba Mercedes Sosa, es el tiempo de mandar a la basura las aprobaciones y las desaprobaciones de los eruditos, y cantar, y desafinar, y creernos Gardel bajo la lluvia y mojarnos hasta que ya no queramos que deje de llover.

Hoy ya es el tiempo de escribir nuestra historia sin las excusas de la ortografía o la gramática, y, ojalá, escribirla a mano en un infinito cuaderno de hojas blancas, para que todos los días nos levantemos con la ilusión de recordar, de inventar, de ser nuestros propios personajes, y seguir escribiendo.

 

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