Por: Manuel Drezner

Recuerdo de ferias del libro

Las primeras ferias del libro en Bogotá fueron algo que compartía el amor del libro con la oportunidad de conseguir gangas auténticas.

Ellas tuvieron lugar al aire libre, en el Parque de Santander, donde se montaban quioscos improvisados (y que eran sujetos a los peligros de lluvias). Como en esa época la industria editorial colombiana estaba en la infancia y la mayoría de los editores eran también libreros, estas ferias en realidad eran la reunión de librerías, alrededor de las principales, como la Colombiana de Camacho Roldán, la Mundial de Gaitán y la Gran Colombia, ninguna de las cuales infortunadamente sobreviven hoy, igual que han desaparecido la mayoría de las tradicionales, todas las cuales tenían su puesto en al Parque, con cantidad de librerías de viejo complementando esa fiesta del libro. Aunque había libros editados en Colombia, la inmensa mayoría de la oferta era de libros importados, la mayoría en ediciones baratas de editoriales argentinas, españolas y ocasionalmente mexicanas. Hubo un año en que por cualquier razón no se permitió a los libreros de usados participar, pero pronto ellos montaron puestos nada menos que en el Capitolio, por la intervención de políticos que en esas épocas sí estaban interesados en los libros. Llevaban la ventaja de que estaban a salvo de la lluvia y de hecho, la concurrencia fue tan grande que el año siguiente volvieron al Parque.

Como se dijo, la palabra feria era aplicada en el pleno sentido de la palabra, es decir, no se trataba simplemente de ofrecer libros, sino que ellos se ofrecían a precios rebajadísimos no sólo para los “huesos”, sino también para las novedades.

Hoy día las ferias son mucho mejor organizadas, la presencia de editores internacionales garantiza la oferta de muchos libros nuevos y lamentablemente los libreros de usados ya no participan en forma masiva, pero las ofertas de precio son limitadas (aunque sí existen realizaciones de libros que no han podido venderse, entre los cuales hay muchas joyas) y definitivamente raras veces aplican a las novedades como sucedía en el pasado. Obviamente, una feria de libro es un hecho cultural importante y la gente responde como lo muestra la masiva concurrencia, pero contrastan con las antiguas en que les falta un poco de calidez. Las ferias del Parque de Santander tenían un no sé qué de amistoso y que ese sentimiento se repitiera debería ser una meta buscada por quienes organizan las de nuestros días.

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