Por: Iván Mejía Álvarez

Recuerdos blancos

No existe un aparato para medir la jerarquía. Es como la elegancia: se tiene o no se tiene; es como el valor, se posee o no se posee.

El Real Madrid pasó por Bogotá y dejó claro que con su jerarquía internacional, su saber estar en una cancha, tan solo necesita cinco minutos para sacar adelante los partidos, así se trate de un amistoso en el que se vio comprometido por tener un hombre de menos en la cancha a partir del minuto 20.

No es válido entrar a comparar las nóminas de Santa Fe y del Madrid. Con lo que le pagan a un solo crack del elenco ‘merengue’ sostienen a los rojos durante varios años. Santa Fe no sabe lo que es ganar un título desde el año 75 y el cuadro blanco en este lapso se ha cansado de ganarlo todo, incluyendo Champions, ligas y la Intercontinental.

A este Santa Fe le falta lo que le sobra al Madrid: jerarquía. Se asustó con el resultado y con la posibilidad de ingresar en las páginas de los periódicos del mundo como el equipo colombiano que doblegó al Real Madrid. Mató al tigre y se asustó con el cuero. Tenía todo a su favor, pasando por el resultado, siguiendo con la condición física, pues el rival venía de un viaje de doce horas, a 2.600 metros de altitud y con un hombre menos, y pese a todo, terminó perdiendo porque un partido dura 90 minutos y exige concentración durante todo ese tiempo, ni un minuto más, ni un minuto menos.

Cuando Schuster mira al banco y encuentra soluciones en Robben, Saviola, Pepe y Rafael Van der Vart, el técnico Gómez termina ingresando al joven Céspedes, debutante internacional. Tremenda diferencia. Eso es jerarquía de nómina.

Está muy lejos este Santa  Fe de ser un buen equipo. Distante en los movimientos colectivos de ataque donde falta precisión, talento y claridad. Distante en los movimientos que componen el ‘pressing’, pues todavía hay futbolistas  que juegan frontalmente y no se saben perfilar y todavía algunos siguen haciendo trabajos con referencia al hombre cuando sus compañeros están haciendo movimientos zonales a la pelota. A Gómez le costará mucho tiempo, sudor y lágrimas conseguir ensamblar totalmente este colectivo que  parece comprender el libreto táctico, pero desconoce jugar con la pelota y todavía no entiende el lenguaje de la estrategia. Esa transición, el desdoblamiento de fases defensiva-ofensiva, está todavía lejana.

Pasó el Real por Bogotá y sin desmelenarse, caminandito, apelando a su saber estar, ganó. Bastaron cinco minutos y dos caricias al balón por parte de Van der Vaart, uno que en su debut con la camiseta blanca demostró lo que es tener clase.

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