Recuerdos de Jazz al Parque

Septiembre es el mes del jazz y la amistad. Son ya quince años de Jazz al Parque. En esta ocasión, los amantes de la música de Miles Davis estuvimos en un nuevo lugar, en el parque El Country (antiguo fragmento del Country Club).

Me reencontré con un pianista francés-caribeño, Mario Canonge, a quien escuchara en una inolvidable noche de París hace casi una década, en el café Le Reflet. En esos días presentaba su disco Rizoma en esa calle cinematográfica. No hablaré de la resonancia del concepto rizoma, de talante deleuziano, ni de las bifurcaciones de esas ideas. Hablaré de esa experiencia sonora con Canonge.

Esa noche estaba con una amiga francesa, Hortense, y con un compañero de estudios de Camerún, Ismael. Ella había gozado los años de la salsa dura en París a principios de los ochenta. Hortense recordaba muy bien un grupo que marcó el furor de esos tiempos: ¡Manigua! Allí tocaba el piano Canonge. Ismael, algo distante del jazz, había venido con nosotros porque yo había creído escuchar que alguna vez Canonge había tocado zouk, el ritmo clásico de Camerún. Pero esa noche Canonge no tocó latin jazz ni zouk. O no del todo. Temas como Plein sud nos llevaban a un viaje musical donde había ciertos aires así, pero con otros conceptos. Yo sentía más bien un palpitar a lo Coltrane. Igual, esa noche Hortense e Ismael se enamoraron a ritmo de Canonge.

Salieron por una puerta lateral del bar (como en un poema de Bukowski) antes de la última canción (un homenaje a Charlie Parker). Yo me quedé solo, recordando a Cortázar. Ellos aún hoy siguen juntos, aunque no sé si les sigue gustando el jazz.

Yo volveré entonces a escuchar a Canonge, en otro mood. A lo mejor si él conociera esta historia (la de Hortense e Ismael) ya habría compuesto algo sobre ellos o sobre mí.

El sábado 11 de septiembre, unos días antes de devolverme para Francia, fui por un intermedio de Jazz al Parque al mejor bar de jazz de Bogotá, el minúsculamente intimista Storyville, en la 55 con 7, con su célebre Maniquí, casi salido de una película de Godard, quizá de Una mujer es una mujer. Y el domingo rematé con el jazz local, cada vez más prolífico, con Monsalve Trío (un ex compañero del colegio), Zaperoco y “Pacho” Dávila.

P.D.: Algunos de ellos se presentaron (y otros artistas de excelente nivel, como el Habana Ensamble) en el ya tradicional Festival de Jazz del Teatro Libre entre el 2 y el 11 de septiembre.

Gabriela Amar. Bogotá.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Lectores opinan

La cofradía del santo reproche

No entiendo por qué no entienden

Al oído de los conjueces

De igualdades y discriminaciones

De Julio Londoño sobre una columna