Recuperación y restauración del bosque húmedo tropical

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En la Amazonia y en el andén Pacífico debemos erradicar la aplicación del concepto de “baldío nacional”. Estas son áreas de bosque húmedo tropical (BHT): patrimonio estratégico de la nación; hábitat natural de importantes grupos indígenas, campesinos y afrodescendientes; reservorios de biodiversidad; reguladores climáticos e hidrológicos. Según la legislación colombiana, un baldío es un bien inmueble propiedad de la nación que, como regla general, debe ser adjudicado a quienes lo ocupan y vinculan a la producción agropecuaria. En la Amazonia y en el andén Pacífico no hay baldíos. El BHT aporta a la calidad de vida de los colombianos, tenemos el deber de recuperar y restaurar las grandes extensiones que, recientemente, diversos inversionistas han talado, quemado y transformado en pastura.

Cuando destruimos el BHT afectamos un servicio público porque destruimos el poder regulador del ciclo hidrológico y los ríos “voladores” que, como lo demuestra Germán Poveda (“Seasonal precipitation patterns along pathways of South American low-level jets and aerial rivers”. Poveda. 2014. Water Resources Research, Wiley Online Library), regulan el clima en los Andes colombianos y, por tanto, el suministro de agua a la mayor parte de la población nacional. Los fallos que han declarado sujetos de derecho a la Amazonia y ríos del Pacífico biogeográfico los convierten en áreas de protección especial y obligan a gestionar su integridad ecosistémica. Por estar atado a un servicio público vital, el BHT debe ser considerado un bien público inembargable, imprescriptible e inalienable.

Los inversionistas que hoy destruyen grandes áreas de BHT están invadiendo un bien público que debe ser recuperado por la nación y restaurado como espacio boscoso. Tumbar bosque y sembrar pasto, hoy, no da argumentos para convertir al inversionista deforestador en propietario; por el contrario, lo convierte en delincuente. El Estado tiene todas las herramientas jurídicas, financieras e institucionales para recuperar el BHT.

En las grandes extensiones recién quemadas, el Estado debe hacer presencia —incluso con la justicia y la fuerza pública si fuese necesario—, emprender un serio programa de recuperación del bien público y apoyar la restauración del bosque. En esta tarea, la naturaleza es el gran aliado. Si se evita el ingreso del ganado, crecerá el rastrojo que paulatinamente se convertirá en bosque secundario. Los campesinos contratados por inversionistas deforestadores para talar y quemar deben ser contratados por el Gobierno nacional para que apoyen el proceso de restauración del bosque.

Ignorar la existencia de los ríos “voladores” permitió que zonas de BHT fueran consideradas baldíos nacionales que podían ser adjudicadas a campesinos desposeídos y transformadas para fines agropecuarios. De este modo, se evitaba emprender una reforma agraria que el país siempre ha evadido. Pero, dado que estos suelos no son aptos para la agricultura tradicional, se han establecido grandes hatos ganaderos de baja productividad. Las haciendas ganaderas recientemente establecidas en zonas de reserva forestal deben ser expropiadas y entregadas a las comunidades —campesinos, indígenas, afrodescendientes— para que, mediante su reconversión productiva y compensaciones por su gestión de conservación, obtengan medios para llevar una vida digna y recuperar la función pública asociada a la función ecológica del BHT. Hay que generar alternativas para incorporar el bosque a la frontera productiva de manera climáticamente responsable.

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