"Yo imito, no ridiculizo a los personajes": Hugo Patiño

hace 8 horas
Por: Gustavo Páez Escobar

Recuperar a Bogotá

Llegó la hora. La hora crucial donde los habitantes de Bogotá van a resolver un futuro que se presenta nebuloso y enigmático, luego de una etapa de retroceso, de corrupción e inoperancia administrativa que han hundido a la capital en los abismos de la postración y la desesperanza.

Mayores errores no se podían concebir en la administración de Samuel Moreno. Solo vino a detener esa carrera de desaciertos y atropellos una medida ejemplar de la Procuraduría, que lo separó del cargo y le evitó a la ciudad que se perpetraran los últimos intentos dentro de la flagrante cadena de negociados urdidos en la Casa Liévano, que todo el mundo veía y nadie reprimía. Lo hizo Alejandro Ordóñez, un procurador histórico. Ya los males causados a la ciudad eran catastróficos. Pero el procurador tampoco podía hacer más. 

¿Cuántos años ha retrocedido Bogotá en este cuatrienio inconcluso de un alcalde dedicado al pillaje y a la perversión de la moral, para quien el progreso urbanístico era asuntos secundario? Imposible saberlo. Lo que sí se sabe es que quienes lo ungieron con su voto, a conciencia de su impericia para el cargo y movidos por un afán populista y un sentimiento egoísta, son copartícipes de este destrozo público.

La historia puede repetirse. Ojalá que así no fuera, pero algunos signos hacen pensar que vamos por ese camino. Vuelve de nuevo a encenderse la pasión mezquina de hace cuatro años, la misma que sacrificó a un candidato de la talla de Enrique Peñalosa. Las circunstancias actuales ofrecen la misma incógnita de la contienda anterior: elegir entre el candidato preparado, que ya dio amplias muestras de competencia en el manejo de la capital, y la improvisación de los otros aspirantes, por más elocuentes teorías que esgriman en sus discursos.

“Bogotá está en el hueco”, es la gráfica expresión que se escucha por todas partes. Si se fuera consecuente con la necesidad de sacarla de ese estado, habría que buscar al mejor candidato, que sin duda es Peñalosa. Fue él quien le imprimió a la capital un ritmo acelerado de progreso, con ideas audaces y bien estructuradas, con resultados a la vista y con una visión de futuro que pocos poseen.

Obras fundamentales como la del Transmilenio, los parques, el espacio público, la cruzada contra la congestión vehicular, entre otras iniciativas afortunadas, muestran su empeño dinámico y su ejecución gerencial para crear polos de progreso en una metrópoli de tan acelerado crecimiento y tan complejo manejo como es Bogotá.

Sin embargo, estos resultados los oculta hoy, como hace cuatro años, la propaganda negra que se ha dirigido contra su nombre. El manido pregón que habla de su enriquecimiento personal y de su carácter arrogante, y que se repite sin ton ni son pero con ánimo perverso, desfigura el talante emprendedor de un personaje capaz de sacar a Bogotá del hueco. Peñalosa es muy diferente al que muestran sus detractores, pero la malevolencia humana consigue distorsionar la virtud, las aptitudes y las buenas realizaciones con esta clase de patrañas.

Abrimos un compás de esperanza frente al lenguaje de las urnas el domingo entrante. Esta columna no desconoce los méritos de ninguno de los candidatos. Pero aspira a que triunfe la mejor opción. Bogotá se merece un avance vigoroso en el próximo cuatrienio. Debe recuperarse de los desastres del pasado.

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