Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Recuperar una cuenca sí es posible

En medio de la sequía y las altas temperaturas, nos preguntamos si tenemos opción para evitar o disminuir algunos de los impactos de los climas extremos que suelen relacionarse con una dinámica planetaria. La respuesta es sí.

Haciendo un símil con la salud, tenemos que aprender a diferenciar el tratamiento de los síntomas del manejo de sus causas. En los dos espacios podemos y debemos actuar, pero las acciones y efectos son distintos.

Los medios de comunicación proponen a diario recurrir a diferentes tratamientos: ahorrar agua, protegerse del sol, racionar el agua por horas, bombear agua de otro río, comprar un carrotanque para llevar agua a los barrios. Todos estos tratamientos son opciones para calmar la sed y el dolor que causan la sequía y el calor. Sin embargo, ninguno apunta a evitar o disminuir las causas y efectos de los climas extremos en el mediano y largo plazo.

En la búsqueda de soluciones para el mediano plazo, todos tenemos que participar: los habitantes de las grandes ciudades, los del campo y desde luego las instituciones y los gobiernos nacional, regional y local. Si volvemos a vestir nuestras cuencas andinas del bosque que rodeaba los cursos de agua y recuperamos la vegetación nativa en los páramos y protegemos los humedales, las altas temperaturas tendrán menos impacto negativo. Todos hemos sentido que debajo de un árbol hace menos calor, la temperatura puede bajar entre 5º y 10º. Algo similar le pasa a la tierra y el agua. Si en lugares estratégicos conservamos los bosques, estamos conservando agua para períodos secos y estamos regulando el clima. Donde no hay bosque, al llover toda el agua se escurre, el terreno queda expuesto al sol y la sequía vendrá pronto. Recuperar cuencas es manejar una de las causas del mal que estamos padeciendo.

Los habitantes de las ciudades y el sector empresarial deben transferir recursos para contribuir a la conservación de la estructura ecológica principal que contribuye a la regulación hídrica. Las CAR deben cumplir con su misión primordial y utilizar los recursos públicos para conservar nuestras cuencas. Gobierno y ciudadanía debemos ser aportantes y veedores del buen uso de esos recursos. En las fincas, los propietarios deben cumplir con la función ecológica de la propiedad privada y ayudar a conservar los cursos de agua.

La cuenca del río Quindío es ejemplo de gestión. Allí, la ciudadanía, las instituciones y los gobiernos han trabajado por su recuperación. Aún falta mucho por hacer, pero se ha hecho más que en muchas partes.

Desde hace más de 30 años la sociedad civil inició la conservación por cuenta propia mediante la creación y manejo de reservas naturales civiles: Acáime (Herencia Verde, 1983), Aguas Claras (1993) y luego múltiples reservas naturales afiliadas a Resnatur que combinan conservación con producción sostenible. Parques Nacionales avanza en su labor y la CRQ ha comprado predios para revegetalización. El paisaje está cambiando, pasando de vacas y papa a bosque nublado y espacios para ecoturismo. Hoy, Armenia y la región disponen de un abastecimiento de agua mejor y más estable. Recuperar una cuenca sí es posible.

 

 

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