Por: Luis I. Sandoval M.

Redepaz: 25 años

La Red de Iniciativas por la Paz y contra la Guerra —Redepaz— nació hace 25 años con el propósito expreso de generar un movimiento ciudadano que luchara por medios civilistas para terminar la guerra, completar el pacto inconcluso de paz de la Constitución de 1991 y hacer realidad el derecho y deber de paz consagrado en el art. 22 de la Carta.

No fue una ocurrencia de desprogramados, nació como respuesta a una necesidad, fue un emprendimiento pensado y proyectado en diálogos que tomaron la primera parte de la noche durante semanas en casa de Yolanda Zuluaga en Teusaquillo. Allí se daba cita el grupo gestor de Bogotá: Ana Teresa Bernal, del Movimiento por la Vida; el padre jesuita Horacio Arango (+), director del Programa por la Paz; el médico Óscar Leal (+), Luis Sandoval, por entonces director del Instituto María Cano, Ismac; en muchas ocasiones el padre Francisco de Roux, director del Cinep, y una noche, bien avanzada la hora, llegó Luis Carlos Restrepo.

El grupo impulsor de Bogotá —Icpaz: Iniciativa Ciudadana de Paz— contó también con la participación de Guillermo Villegas del Centro Jurídico Comunitario, Alejo Suárez de la ANUC, Gonzalo Arcila del Comité de Búsqueda de la Paz, Alfonso Román, Luis Carlos Osorio, Martha Restrepo, Jaime Álvarez (+), Antonio López, Catalina Rojas, Jaime Garzón…

Este núcleo, en el cual pueden faltar personas por falla de mi memoria, tomó la decisión de enfrentar con discurso crítico y con acción callejera el nefasto proyecto de guerra integral que el gobierno de turno emprendió con el señuelo de que en 18 meses habría terminado militarmente con las guerrillas.

Una de las primeras acciones de la confluencia fue la “marcha de los pies descalzos” que acordamos realizar entre la Plazoleta de Las Nieves y la Plaza de Bolívar por la carrera Séptima de Bogotá, un día en los primeros meses de 1993. La cita fue a la 5 p.m. y a esa hora llegamos al sitio cerca de 100 personas que no nos atrevíamos a descalzarnos porque nos desalentaba la inundación de las calles por el torrencial aguacero que acababa de caer.

Chapaliar descalzos en una tarde extremadamente fría no parecía aconsejable. La vacilación se superó cuando el padre Francisco de Roux se quitó sus zapatos. Todos hicimos lo propio, y gritando: “Ni un hombre, ni una mujer, ni un peso para la guerra”, “Guerra integral NO, Paz integral SÍ”, “Diálogos de paz ya” y otras consignas similares, hicimos el recorrido hasta la Plaza de Bolívar por la acera occidental de la vía porque no había permiso para marchar por la calzada parando el tráfico.

Pronto convergieron varias iniciativas de diversas partes del país, entre las que merecen resaltarse Derrotemos la Guerra en Santander, liderada por monseñor Leonardo Gómez Serna, obispo de Socorro y San Gil; Pastoral Social de Medellín, con monseñor Guillermo Vega; la Mesa por la Vida de Medellín, creada a raíz de la masacre de Villatina con Carlos Iván Lopera, y sectores sociales como las centrales de trabajadores. Había un clamor por aproximar iniciativas dispersas.

La articulación de estas dinámicas regionales fue la que decidió realizar la Asamblea Constitutiva de la Red Nacional de Iniciativas Ciudadanas por la Paz y contra la Guerra —Redepaz— para seguir bregando por la salida política del conflicto y para tejer paz cotidiana con mano ciudadana. Esta asamblea fundacional se realizó entre el 23 y el 25 de noviembre de 1993 en el antiguo Club de Empleados Oficiales. 122 organizaciones de base, movimientos, agrupamientos de jóvenes, expresiones políticas, comunidades eclesiales, ONG, profesores universitarios y redes de mujeres participaron y firmaron la “Declaración por la construcción de un amplio movimiento social de paz”. La guacamaya amazónica, parlanchina y multicolor, fue escogida como símbolo del movimiento. 

Así nació de espíritus vibrantes y visionarios, hace 25 años, un movimiento que ha tenido presencia y dejado huella en la lucha ciudadana, social y popular por la paz en el país. Vendrán las grandes movilizaciones, las semanas por la paz en septiembre, las constituyentes municipales, la cultura de paz, los conciertos por la paz, los consejos de paz, el relacionamiento con la comunidad internacional, la participación en todo tipo de gestiones, arriesgadas algunas, para crear condiciones favorables a la paz política. Otras iniciativas surgirán con las cuales Redepaz conformará un movimiento plural, autónomo, crítico con la guerra y las violencias, no contrainsurgente, que asume la paz como un proyecto de país incluyente, pluriétnico, digno, justo y democrático.

El hito más importante para recordar lo constituye el Mandato Ciudadano por la Paz, la Vida y la Libertad demandando la salida política y el respeto del DIH por los contendientes, que obtuvo 10 millones de votos el 27 de octubre de 1997.

Como paso importante de su proceso de reparación colectiva en clave constituyente (Ley 1448 de 2011), Redepaz realizará en la primera semana de diciembre su Asamblea Nacional con centenares de hombres y mujeres, muchos jóvenes, provenientes de ciudades y remotos municipios, a fin de tomar impulso para continuar activa, con proyección sociopolítica, tejiendo paz con mano ciudadana en los próximos 25 años.

Justo destacar aquí el liderazgo inteligente y audaz de Ana Teresa Bernal durante la mayor parte de existencia de la Red. Las mujeres ocupan lugar especialísimo en la construcción de paz. Reconocimiento a centenares de constructores y constructoras de paz en las regiones, muchos y muchas de ellas victimizados por su compromiso. Con el estímulo de su heroico ejemplo Redepaz asume hoy, recorrido un cuarto de siglo, a un año de firmado el Acuerdo Final de Paz con las Farc-Ep y en curso los diálogos con el Eln, que solo un potente movimiento ciudadano, social y popular podrá impedir que la paz imperfecta que el país está iniciando sea hecha trizas.

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