Por: Luis Carlos Vélez

Redes, terrorismo y esclavitud

Instagram puede ser muy, muy malo para la salud mental de los jóvenes, dice un estudio publicado la semana pasada por la Sociedad Real de Salud Pública en el Reino Unido, o RSPH por sus siglas en inglés. Según el documento, Instagram afecta la percepción que tienen los niños y adolescentes de su ambiente y su aspecto físico. También dice que el uso abusivo de esa red social y otras cuatro, entre las que también se incluye a Facebook, produce sensaciones de soledad, depresión y ansiedad.

Este trabajo también se dedica en parte a estudiar cómo los jóvenes resultan severamente afectados por los comentarios que sus amigos, compañeros y conocidos dejan en sus perfiles. Por eso, como alimentando una bestia de percepción insaciable, miden sus vidas y actividades por el número de likes, caras felices o frases positivas que dejan sus conocidos, o, lo que es peor aún, desconocidos.

La conclusión del estudio se parece un poco a lo que se alcancé a ver en la película The Circle, que no pude terminar de ver. La trama muestra cómo una empresa que se parece a Apple contrata al personaje que protagoniza Emma Watson y la empieza a evaluar principalmente por la aceptación que tiene en las redes sociales internas de la compañía. Su popularidad y el resultado del juzgamiento que hacen sus compañeros de trabajo de su desempeño laboral y social es la regla que determina su éxito o el fracaso. Es la materialización de cómo la percepción es más importante que la realidad. Eso y el uso constante de tecnología que mide cada uno de sus pasos terminan haciéndola esclava de las opiniones y la electrónica.

Como les decía, no terminé de ver la película porque en la mitad mi teléfono no dejaba de vibrar. Me llamaban del canal para que saliera a cubrir un atentado terrorista que acababa de ocurrir en Mánchester. Un joven de 22 años acababa de matar al mismo número de personas en un atentado suicida. Ya en el Reino Unido, las investigaciones avanzan determinando que el atacante se inspiró vía internet en ISIS y activó los explosivos que llevaba atados a su cuerpo a la salida de un concierto de Ariana Grande, para matar a niños y niñas a manera de venganza.

¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? Explico. Los estudios dicen que el caldo de cultivo para los terroristas suicidas en Occidente son las redes sociales. No solamente allí encuentran instrucciones para armar bombas, sino también son tierra fértil para encontrar jóvenes depresivos, ansiosos y solitarios para ejecutar los atentados. Es decir, algo muy peligroso está pasando si las mismas redes que deprimen tienen entre sus participantes a expertos en reclutar potenciales terroristas.

El documento de la RSPH llegó a mis manos mientras esperaba mi tiro en vivo para el noticiero en una de las plazas del centro de Mánchester, donde se instaló una vigilia permanente para honrar a las víctimas del atentado. Tampoco fue una coincidencia. La conclusión del documento y el momento de su publicación son evidencia de que las redes sociales, su uso indebido, la falta de reglas y el aprovechamiento de los más débiles están costando vidas y por lo tanto hay que hacer algo muy serio. Entretanto, autorregulación, atención a sus hijos, presión para que las autoridades actúen y, por su puesto, no crea en todo lo que lea en Facebook, Twitter o Instagram, los reyes de las fake news.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Luis Carlos Vélez