Por: Ernesto Yamhure

Referendo en jaque

LA PREGUNTA QUE MUCHOS SE EStán haciendo tiene que ver con el futuro del referendo, luego de la modificación que hizo la Comisión Primera del Senado, obligando a una conciliación del texto.

El presidente de la Cámara ya ha dicho que nombrará como mediadores a un grupo de representantes que hagan valer y respetar el sentir de esa célula legislativa que aprobó el proyecto tal y como lo firmaron más de cuatro millones de colombianos.

Ahí será Troya, porque el Senado querrá imponer su tesis de que la pregunta original no se compadecía con el anhelo popular, mientras que la Cámara sostendrá que el Congreso, frente a un referendo de origen ciudadano, es un convidado de piedra al que sólo le corresponde aprobar o improbar la iniciativa, tal y como le fue presentada.

Esta discusión no existiría si los mismos promotores del referendo no hubieran caído en el juego sobre la redacción de la pregunta. Por cuenta de esta discusión, se embolató el norte de la reelección.

Los signatarios del referendo reeleccionista plantaron su firma en la planilla pensando en la posibilidad de que Álvaro Uribe pueda presentarse como candidato en las elecciones de 2010. Cualquier discusión adicional, tiene un insoportable tufo de exégesis propia de los más mañosos y resabiados abogados picapleitos. Ellos, que son unos magos en el manejo de los códigos, en la conjugación de verbos y en el hallazgo de comas mal ubicadas, lograron que hasta los más uribistas desconfíen del documento original.

La plenaria del Senado se apresta a votar lo que viene de la Comisión, para luego pasarlo a conciliación con la Cámara de Representantes, dando el pistoletazo de partida a un pulso en el que las vanidades y ambiciones de Germán Varón Cotrino serán las protagonistas. Al fin y al cabo, él, que se debe a Vargas Lleras, querrá hacer lo que esté a su alcance para que su jefe pueda continuar en la campaña por la Presidencia de la República sin Álvaro Uribe como contendor.

Por su parte, el presidente del Senado pretenderá salvar al referendo absteniéndose de nombrar conciliadores y esperar a que sean las nuevas mesas directivas del Congreso las que, a partir del 20 de julio, diriman la diferencia. Taparán un hueco, pero abrirán uno más grande: el del tiempo.

Esperar hasta el 20 de julio para definir la suerte de este proyecto es matarlo por inanición. Así el Congreso lo evacúe rápidamente, la Corte tendría que hundirle el acelerador al examen de constitucionalidad —para el que tiene un plazo de hasta tres meses— para luego remitírselo a la Casa de Nariño que debe sancionarlo y convocar a las votaciones del mismo. El calendario quedaría apretadísimo y muy difícilmente la Registraduría, que a finales de año tendrá que llevar a cabo las consultas internas de los partidos, podrá garantizar el montaje a tiempo del gigantesco entramado que implica un referendo.

Pero en política nada es imposible. Algo se les ocurrirá a los promotores. Mientras tanto, las campañas presidenciales deben continuar, no como un plan B sino como la primera alternativa, más ahora que el Presidente está tratando de “convencer a su alma de no buscar una reelección”. En ese sentido, los conservadores están en la obligación de realizar la consulta, brindándoles las mismas garantías a todos los precandidatos. Por el respeto que merecen sus electores, deben bajarse de una vez por todas del sainete de la aclamación de Noemí Sanín como candidata de su colectividad. Si la embajadora quiere ganarse los votos azules, debe renunciar a su cargo, inscribir su nombre y alcanzar la candidatura a voto limpio.

 

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