Por: Humberto de la Calle

Referendo y justicia

QUE EL PUEBLO HUBIESE ESCOGIdo a Barrabás no convierte a Jesús en culpable de sedición. Ni absuelve a Barrabás.

De modo que el choque entre justicia y voto popular no es nuevo. Como tampoco es la primera vez que el gobernante traslade al pueblo una pregunta que realmente nadie ha formulado.

La propuesta de referendo del presidente Uribe padece de ese mismo defecto. La Corte no ha dicho que la elección haya sido viciosa, sino que el proceso de reforma constitucional fue manchado por el delito. No es la primera vez que la política se desenvuelve en terrenos simbólicos, un tanto surrealistas, alejando por completo el diálogo racional.

Pero la Corte Suprema tampoco las tiene todas consigo. En la práctica, el fallo sobre Yidis ha terminado condenando de una vez a los ministros. No de otra manera puede descalificar esta corporación judicial el proceso de reforma constitucional. Y sucede que ellos apenas comienzan a ser investigados. Además, no es la Corte, sino la Fiscalía, la autoridad competente para juzgarlos.

Por otro lado, el envío de copias de la sentencia de Yidis a la Corte Constitucional es una especie de aval que extiende la Sala Penal a un procedimiento inédito. No hay acción de revisión de sentencias de constitucionalidad. En este punto, a la Sala se le fue también la mano.

No obstante, hay que reconocer que, en el fondo, el llamado de la Sala Penal tiene un contenido ético insoslayable, sólo que condicionado a que se complete el cuadro de la supuesta responsabilidad de los funcionarios públicos.

Estamos, pues, en medio de un torbellino institucional indeseable en el cual todos tienen su cuota de responsabilidad. La paradoja es que en medio de una situación bastante buena, la pasión política amenace con inaugurar el baile de las mangueras, en el cual cada uno pisa la manguera ajena, en desmedro de la solidez institucional que nos ha sido característica.

El Presidente agrega algunos puntos en los que tiene razón, como la crítica a la extraña carta de la Sala Penal pidiendo explicaciones sobre extradiciones que pertenecen a la exclusiva órbita del Ejecutivo. Pero no existe ilación entre esto y el llamado al referendo. Y menos aún las acusaciones de justicia selectiva y la tenebrosa afirmación de que el Congreso, juez de la Corte, está intimidado. El mismo Congreso al que se le pide llamar al pueblo, pese a estar sumido en una grave crisis de legitimidad política.

Entre tanto, estamos llegando al límite, aquel en que cada quien anda por su lado en un panorama en el que se pierde el referente unívoco que es condición para la vida civilizada.

Y hay que convenir en que ese referente no es el pueblo, cualquiera cosa que eso signifique. En el Estado de derecho el pueblo, o mejor, el cuerpo ciudadano, es un órgano más. Con funciones y limitaciones. Por mucho que desempeñe un papel crucial en democracia, no está en sus manos impartir absoluciones.

¿Qué hará el Congreso cuando le lleguen los dos referendos, el de Uribe y el de Giraldo Hurtado?

Si decide unificarlos, ahí sí que se habrá perdido la ruta de la institucionalidad.

Si el referendo de Uribe sale adelante, como ciudadano responderé SÍ a la pregunta sobre la permanencia de Uribe hasta 2010. Y si el de Giraldo se torna realidad, contestaré NO a un nuevo mandato de Uribe.

 

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