Por: Ricardo Bada

¿Referéndum en España?

Por mi amiga Carmen Hernández-Pinzón, representante universal de los herederos de Juan Ramón Jiménez, me enteré de la abdicación del Borbón de turno, y al rato una amiga ¡argentina! me pasó una invitación para participar en un referéndum que acabase con la monarquía.

Y desde que recibí ese segundo email no dejé de pensar en una comedia de Bernard Shaw titulada The Apple Cart. La obra, publicada en 1930, sucede según Shaw en “una época venidera próxima. Lugar: Londres, u otra capital de un Estado europeo”, lo cual sólo puede ser una broma, o un descuido, de Shaw, ya que no todos los estados europeos eran monarquías en 1930. Algunos de ellos habían avanzado un paso desde la Edad Media.

En esa obra, el primer ministro también quiere acabar con la monarquía e instaurar la República, y está dispuesto a todo, incluyendo una propuesta de ley ad hoc al Parlamento. Pero el rey le amenaza con presentarse como candidato a la Presidencia de la República. Y aunque el pueblo está contra la monarquía como institución, el primer ministro se da cuenta de que lo más seguro sería que el rey ganase las elecciones, porque es muy popular y tiene mucho carisma. Así es que se ve obligado a tirar la esponja, la toalla, y yo diría que hasta el taburete. (Recomiendo mucho la lectura del prólogo de esta obra: decía Shaw en 1930 verdades que los columnistas políticos recién andan descubriendo en el siglo XXI).

Como los españoles no han avanzado ese paso desde la Edad Media, e incluso realimentaron durante casi cuarenta interminables años su predilección por ella, lo que voy a seguir diciendo es bastante seguro que sea obsoleto cuando se publiquen estas líneas.

Pienso, ya sea obsoleto o no, que la paradójica ecuación de Shaw hubiera podido ser en España un experimento interesante. Que en un referéndum se votase por la República, y que Felipe de Borbón se presentara como candidato a su Presidencia. Personalmente creo que ganaría porque parece ser uno de los muy pocos españoles de la clase política no contaminados (todavía) por la corrupción general. Y no sería mala solución: ocho años más de Borbones, en el caso de que se lo reeligiera, y luego adiós muy buenas, y gracias por los servicios prestados.

Pero son pedirle peras al olmo. Recuerdo la anécdota del madrileño que gritaba entusiasmado “¡Viva el rey!” cuando en 1874 se reinstauró la monarquía en la persona de Alfonso XII, y un tipo que estaba a su lado se admiró de su fervor monárquico. El entusiasta le contestó: “¡No, hombre, no, esto no es nada, tendría usté que haberme oído gritar ‘¡Muera Isabel II!’ en 1868, cuando echamos a la puta de su madre!”. Y sí, España no hay más que una. ¡Menos mal!

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Ricardo Bada

Greguerías virtuales

Ejemplares caros de Cien años de soledad

La prima Vera en Praga

La Olimpiada de 1948

Las cifras cantan