Reflexionar, aprender y proponer en medio de la crisis

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La pandemia ha sido una experiencia de reflexión y aprendizaje en múltiples dimensiones de nuestras vidas. Para todos, las dificultades han sido enormes. Tomar decisiones en medio de la incertidumbre se constituyó en el reto principal. Ahora debemos reflexionar, identificar los aprendizajes y hacer propuestas de cambio.

En el caso de la Universidad Nacional de Colombia, la Dirección Nacional de Estrategia Digital lideró una investigación para reflexionar sobre la “Gestión del conocimiento pedagógico, tecnológico y organizacional en el marco del COVID-19”. Quiero compartir con los lectores algunas conclusiones que este estudio consolidó con la participación de estudiantes, docentes y directivos de las nueve sedes de nuestra Institución.

Uno de los primeros hallazgos de este estudio fue la ratificación de que somos una comunidad que trabaja desde la solidaridad. Estudiantes, profesores, egresados y administrativos desarrollaron actividades que, sumadas a las acciones institucionales, buscaron resolver las necesidades básicas de bienestar y conectividad de aquellos estudiantes que lo requerían. Esta actitud solidaria también se expresó en el desarrollo de iniciativas de acompañamiento innovadoras tendientes al logro de los objetivos académicos y pedagógicos, en donde al estudio autónomo y en grupo se sumaron los pares tutores, estudiantes más avanzados que acompañan a sus compañeros de primeros semestres, comparten con ellos su experiencia de aprendizaje y construyen con ellos nuevo conocimiento. Actividades que, además de las clases en plataformas remotas, se desarrollaron vía redes sociales, comunicaciones telefónicas y documentos de aprendizaje en físico por correspondencia en aquellos lugares apartados del país sin las condiciones adecuadas de conectividad.

Según el estudio, el 74% de los docentes consultados está de acuerdo en que, una vez superada la pandemia, se alternen sus clases presenciales con clases mediadas por la tecnología. A las prácticas presenciales, laboratorios, salidas de campo, trabajos con pacientes y trabajos prácticos en clases, se suman ahora alternativas como visitas remotas, video-recorridos, simulaciones, video-tutoriales de trabajo aplicado en casa, análisis de datos previamente recogidos, entre muchas otras actividades que han enriquecido la experiencia pedagógica.

A la par que se evidencian nuevas oportunidades de aprendizaje se despierta el deseo de nuestra comunidad por sacarles el mayor provecho. El 73% de los profesores considera que requiere fortalecer sus capacidades en el uso de herramientas tecnológicas para lograr una alta calidad, también, en las clases remotas. Esto pone de manifiesto un importante cambio en la forma de ver y hacer las cosas, toda vez que se abre un mayor espacio para la participación, el diálogo y los aprendizajes colectivos.

La evaluación académica continúa siendo uno de los retos más grandes en el desarrollo de actividades remotas. De allí se deriva la necesidad de ir más allá de la calificación como certificación de un conocimiento dado hacia la evaluación como parte fundamental del proceso formativo del estudiante para lograr los objetivos académicos. Trascender la simple nota, junto al valor que ha tomado la autonomía del estudiante en su proceso de aprendizaje durante la pandemia, nos puede llevar a impulsar un sistema de evaluación formativa que aspire a la completud de los conocimientos y capacidades que se espera desarrolle un estudiante en un programa de formación.

Un hallazgo que resulta clave de este estudio es que se ha despertado un interés por el interlocutor más allá de su condición de estudiante o profesor. Un reconocimiento a la humanidad que se sitúa en el propio ser. Al menos el 80% de los estudiantes reconocen que su salud física y mental es una condición clave para su desarrollo académico. Hoy casi todas las clases comienzan con un ¿cómo están? que expresa la preocupación por el otro y por su entorno, y que permite el desarrollo de esa solidaridad que se identificó como elemento fundamental de la comunidad en la pandemia.

Sin embargo, esa pregunta también refleja un reconocimiento a las condiciones desiguales más complejas y difíciles que enfrentan algunos estudiantes. Esta constatación resulta clave para reconocer que el aula y los campus, como espacios de encuentro, son parte necesaria de la posibilidad de construcción y formación del tejido social, por cuanto permiten el encuentro entre diferentes, pero en condiciones de mayor igualdad. Tenemos que cuidar que la virtualidad no amplíe las brechas ya existentes.

Estas son apenas algunas de las lecciones que nos está dejando la pandemia, que nos muestran que gracias al carácter vivo de nuestras comunidades podemos aprender y crecer en medio de la crisis. Ojalá todas las comunidades tengan la oportunidad de reflexionar sobre las experiencias en la pandemia, aprender de ellas y hacer propuestas de cambio.

* Rectora, Universidad Nacional de Colombia.

@DollyMontoyaUN

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