Ismos

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La convicción de que alguna característica biológica o cultural nos hace mejores que otros proviene de un sistema educativo que aún la propaga o, simplemente, evita hablar de ello. Dentro, habita un precepto identitario paranoide, construido por generaciones como estrategia para mantener el territorio y sus recursos “a salvo” de los intrusos: la noción del muro que regula el tránsito y que a tantas personas todavía llama la atención, desde el cuerpo, la familia, la casa. La diferencia debe ser controlada, incluso con violencia, según ese discurso enfermizo, paulatinamente endémico por degeneración de capacidad crítica, que afirma que un dios o la naturaleza (hoy en día utilizados indistintamente) hizo las cosas así desde el principio. Las leyes de origen, indispensables en un momento de la historia fecundo en nacimientos culturales y fuente de la diversidad étnica del mundo, a menudo llevan con el tiempo a los nacionalismos y otros ismos terribles que operan como muros en un planeta globalizado, cuando no inspiran muros de concreto y acero.

 

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