Por: Humberto de la Calle

Reflexiones para la Semana de Pascua

LA PERIODISTA MARÍA JIMENA Duzán puso el dedo en la llaga días atrás en una columna sobre la asesoría recibida por los Nule durante su fallido intento de convertirse en un grupo empresarial de "clase mundial".

La asisten argumentos para formular interrogantes como si los abogados y asesores deben responder por las actuaciones ilegales de sus clientes. Y aunque no lo dice explícitamente, plantea si es motivo de deshonra para un abogado asesorar a personas con graves problemas legales como los que con justa causa tienen en vilo a la opinión pública nacional.

Comparto el planteamiento de la periodista sobre la importancia de la responsabilidad ética en el ejercicio de la profesión. El abogado no puede utilizar su conocimiento jurídico para traspasar los límites que impone la ley, ni mucho menos los que se derivan de la ética profesional. Si el abogado entra en complicidad fraudulenta con su cliente, al igual que éste, debe ser castigado de manera ejemplar.

Por el contrario, si el abogado realiza una asesoría honesta, mal se le podría descalificar. Toda persona tiene derecho a una defensa técnica, lo que implica la búsqueda de reducción de las penas, conciliaciones, en fin, equilibrar las acusaciones con el propósito de que al final haya una decisión más justa.

Como lo he reiterado a través de diversos medios de comunicación, la firma De la Calle, Londoño & Abogados, asesoró al Grupo Nule dentro de los postulados legales y éticos descritos. En ningún caso ha cohonestado medidas para defraudar al fisco o afectar ilegítimamente a alguien.

La asesoría final a dicho grupo empresarial apuntaba a recomendar las mejores alternativas para realizar una reestructuración con el propósito de preservar el patrimonio, que es la garantía de los acreedores, para que los novatos empresarios saldaran sus deudas. Las recomendaciones se ajustaron a la información aportada, consistente en buena medida en documentos previamente elaborados por otras firmas especializadas. El Grupo Nule prefirió encomendar la ejecución de esta tarea a otros profesionales.

Este caso se aceptó dado que la firma contaba con un área especializada en quiebras y reestructuraciones, con una participación en más de 40 casos en los últimos cuatro años. La decisión de aceptar este reto no podía verse afectada por sus dificultades financieras, puesto que ese es precisamente el estado crítico en el que llegan las empresas en busca de tratamiento especializado. Lo contrario equivaldría a la negativa de un oncólogo frente a un paciente por padecer de cáncer.

Aunque muchas otras destacadas firmas asesoraron al mencionado grupo empresarial, hoy expongo estos hechos públicamente en consideración del significado de este espacio en El Espectador y de mis antecedentes en la vida pública, además del servicio que prestan al Estado antiguos colaboradores de la firma.

Es necesario reconocer que la firma falló en el seguimiento detallado de la actividad de los Nule, y que al igual que el resto de la ciudadanía recibimos con sorpresa que, según sus propias declaraciones, los Nule “falsificaron” documentos de licitaciones y “sobornaron” funcionarios públicos. Ante tales evidencias, nos sumamos a las voces de protesta y ponemos de presente nuestra buena fe.

 

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