Por: Hernando Roa Suárez

Reflexiones político-democráticas (IV) Gobernabilidad democrática y liderazgo político

El liderazgo futuro para nuestro país, lo entiendo no como un juego entre las élites o una respuesta populista, sino como el resultado de un proceso en que se cuente con un proyecto y una estructura para la acción, con miras a establecer una sociedad justa, pacífica, libre y con posibilidad de organizar un desarrollo sostenido.

Para una lectura apropiada de la presente columna, me permito insinuar al lector la revisión de las tres anteriores.

La gobernabilidad democrática. La gobernabilidad democrática es la capacidad del sistema político para ejecutar políticas públicas, dirigidas a la realización de un proyecto que permita: la satisfacción de las necesidades fundamentales de la mayoría de la población; asegure la estabilidad de un orden político democrático; facilite la comunicación ética entre el gobernante y los gobernados; y cristalice una acción eficiente y eficaz.

Los líderes políticos –constructores de paz en Colombia- deben crear condiciones que faciliten la gobernabilidad democrática. Si el desarrollo debe ser el nuevo nombre de la paz, construyámoslo y afiancemos la gobernabilidad democrática. Observemos que un buen gobierno, en nuestros días, es el que es catalizador; comprometido con la comunidad; competitivo y organizado por misiones. Y también, es el que concreta resultados; actúa al servicio de los usuarios; es emprendedor; descentralizado; y combina los mecanismos del mercado con los puramente burocráticos.

Mientras el modelo de desarrollo implantado en Latinoamérica no enfrente los problemas de injusticia social estructural y de construcción de una paz estable, la gobernabilidad democrática será cada vez más difícil de institucionalizar. 

Los líderes políticos constructores de gobernabilidad democrática, deben crear condiciones que faciliten su institucionalización. El empleo sistemático de la planeación y la cristalización de la gobernabilidad, garantizarán que los altos ejecutivos públicos y tecnócratas obtengan éxitos en su futuro político.

Los presidentes latinoamericanos necesitan equipos de asesores y pensadores de reflexión profunda, altamente capacitados en la toma de decisiones, que les permitan ejercer sus funciones con eficiencia y eficacia. Utilizar el conjunto de los instrumentos tecno-sociales disponibles en nuestros días y sus posibilidades de aplicación para el conocimiento de la política y el proceso de la toma de las decisiones, es fundamental para implementar la comunicación y el control, así como para facilitar que la mayoría de la población participe con consciencia -bien informada-  en la vida política.  

Liderazgo político. Un líder político democrático es un ciudadano, jefe o conductor que, con prestigio intelectual y humano, y reconocida capacidad de mando y ejecución, asume un proyecto histórico capaz de generar seguidores organizados democráticamente y comprometidos con su causa, para el ejercicio del poder.

La historia nos enseña que los momentos críticos de las sociedades, suelen ser fecundos para el surgimiento de liderazgos políticos creativos. Ejemplos en Colombia son: Bolívar, Santander y Nariño (1815-1821); Uribe Uribe (1910-14); López Pumarejo (1934-38); Jorge Eliécer Gaitán (1940-48); Alberto Lleras Camargo (1958-62); Carlos Lleras Restrepo (1966-70); y Luis Carlos Galán (1980-89)…

Según mi percepción, los líderes que han influido decisivamente en el curso de la historia de Colombia, no han sido meros buscadores de poder sino aquellos que, gracias a su formación intelectual, capacidad ética, vocación de cambio, espíritu visionario y posibilidad de realizar lo difícil, han modificado el destino del país. Me inclino a pensar que el proceso del liderazgo debe ser visto como parte de la dinámica del conflicto social; de la estructura del Estado y del poder; de la organización de los partidos políticos y los movimientos políticos y sociales; de la problemática de la paz y la solución de conflictos; y de la gobernabilidad, por cuanto poco es el liderazgo, si no está vinculado a procesos colectivos.

Notemos que cuando el líder actúa en beneficio de la comunidad recibe, como fruto de su labor, la gratitud política de las masas, y, a través del prestigio adquirido, puede acceder a los más altos cargos de representación y función pública. Más cuando usa la vocación sólo para servirse, terminará su existencia posiblemente enriquecido económicamente, pero despreciado y hasta odiado, por el pueblo (Somoza, Hitler, Pinochet, Fujimori...). El líder que desvirtúa los fines superiores de la política, acabará como un politiquero; y es claro que en nuestro país existe ya un profundo rechazo a esas prácticas y conductas que han demostrado su ineficiencia e ineficacia en términos históricos.

Un liderazgo político experimentado, ejercido en el ámbito de la gobernabilidad democrática, facilitará la institucionalización de un proceso de desarrollo sostenido. El líder político democrático que quiera acertar y merecer el reconocimiento histórico de sus gobernados hoy, debe crear condiciones para que la política facilite la comunicación entre los distintos estamentos y la ciudadanía, haciendo efectiva la presencia del gobierno en la vida social y produciendo consensos que impulsen la construcción de sujetos sociales.

Hace decenios que amplios sectores de colombianos estamos ahítos de las incompetencias, indelicadezas, corruptelas, abusos de poder, leguleyadas, y politiquerías de algunos de los que han accedido a la Presidencia de la República y, en los últimos años, a amplios sectores del Congreso, de las gobernaciones y las alcaldías. Ellos han abusado de la generosidad y, a veces, de la ingenuidad, pobreza e ignorancia de sectores mayoritarios nacionales. Pero, ahí está la historia para señalar a quienes sirvieron con valor civil, dedicación, conocimiento y eticidad, y a los que se beneficiaron y enriquecieron en el ejercicio del poder. En la próxima columna me ocuparé de Presidentes estadistas. [email protected]

Lecturas iniciales: DROR, Y. (1994). La capacidad de gobernar. Círculo de lectores.  Club de Roma. Cartagena de Indias. pp. 77-82; 277-306; 363-378. LEAL BUITRAGO, Francisco. (2006). En la Encrucijada. Norma. Bogotá. pp. 11-24; 513-544. ROA SUÁREZ, Hernando (2011). La gobernabilidad, hoy. Javeriana-Ibáñez. Bogotá. pp. 55-59; 61-67; 97-114. ______ (2000). Liderazgo: ¿Cómo?, ¿Por qué?, ¿Para qué? En: Magazín Dominical. El Espectador. 27 de febrero. Bogotá. DEUTSCH, K. (1969). Los nervios del gobierno. Paidós. Buenos Aires. pp. 188-204; 260-271. GARAY, Luis Jorge (2002). Repensar a Colombia. PNUD. Bogotá. pp. 25-65; 67-129; 330-331. GARCÍA, Mauricio. (2005). “Democracia y Estado social de derecho”. En: La reforma política del Estado en Colombia. Cerec-Fescol. Bogotá. pp. 203-227.

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