Por: Hernando Roa Suárez
Construir democracia

Reflexiones sociopolíticas contemporáneas (ii). La antipolítica

La política debe ser el camino óptimo que nos permita institucionalizar el diálogo para dirimir los conflictos.

Si retomamos la política —como arte y como ciencia— los ciudadanos no podemos razonablemente prescindir de esta actividad. Tenemos sí que cuestionar las prácticas politiqueras y los estudios asistemáticos realizados a nombre de la ciencia política. Si de un lado debemos tener conciencia crítica para desvirtuar el conjunto de las acciones politiqueras, de otro, estamos en la obligación ética de reivindicar la política como el camino óptimo que nos permita institucionalizar el diálogo como la salida a nuestros conflictos y cristalizar una democracia participativa, inspirada en los principios de nuestra Constitución y de la social democracia contemporánea.

Análisis de casos. En el siglo XX se presentaron varios casos de políticos que, amparados en la antipolítica, alcanzaron el poder. No olvidemos las situaciones ejemplarizantes de Hitler y Mussolini. Si por vía de ejemplo nos referimos a la América Latina, recordemos que en Argentina y Brasil, a nombre de la Unidad Nacional, en el decenio de los 60, se organizaron dictaduras militares algunas de cuyas consecuencias todavía se perciben. ¿Olvidaremos el sacrificio inútil de Las Malvinas? De otro lado, en 1973, al acceder al poder el señor Pinochet, una de sus primeras medidas fue proscribir los partidos políticos. El mundo conoce hoy el talante de este mediocre buscador de poder y dictador enriquecido ilegítimamente.

Así mismo, en el Perú de los 90, la crisis económica, las deficiencias de los partidos políticos tradicionales y el poder desestabilizador de la banda terrorista Sendero Luminoso impulsaron el proyecto político del señor Fujimori, quien concentró, cada vez más, el poder; facilitó la desinstitucionalización; la violación de los derechos humanos; el chantaje al Poder Legislativo; incidió en el Judicial y proclamó que todo ello se hacía para acabar con la corrupción de la política y de los políticos. Ahora conocemos a Fujimori y al señor Montesinos, y el trasfondo oscuro y antidemocrático que se escondía detrás de este régimen.

El estudio de la evolución del proceso venezolano —por sus implicaciones— es de especial significación para los colombianos. Recordemos que fue gracias a los errores políticos y la corrupción de Acción Democrática (A.D.) y la Democracia Cristiana (Copei), especialmente en el intervalo 1970-1998, que se creó el espacio para que una personalidad como Hugo Chávez Frías ascendiera —por la vía democrática— al poder e impulsara la posterior institucionalización de la actual dictadura, bajo la dirección de un personaje con las características de Nicolás Maduro. No olvidemos que, hoy como ayer, el poder absoluto corrompe absolutamente. Tal es el caso de las dictaduras de diverso tipo; es la repetición diversa de lo que ha ocurrido en otras épocas en nuestra América Latina y en otros continentes.

Ante las crisis por las que atraviesa la democracia colombiana contemporánea, estamos invitados, entonces, a replantear su organización y facilitar el surgimiento de un pensamiento democrático y prácticas pluralistas, libertarias y éticas. Necesitamos impulsar y organizar, seriamente: partidos políticos modernos, movimientos sociales, coaliciones, liderazgos políticos democráticos y estadistas de nuevo tipo y con visión de futuro. La juventud universitaria específicamente está ahíta de los politiqueros y corruptos sin sentido de grandeza y responsabilidad histórica, que siguen actuando al impulso de políticas orientadas por el populismo, el odio y la exclusión. En la próxima columna me referiré a: propuestas frente a la crisis política colombiana.

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* Miembro de La Paz Querida.

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