Por: Columnista invitado EE

Reforestar no sirve de mucho

Por Sebastián F. Villamizar Santamaría

Hace unos días, en el Foro Económico Mundial, el presidente Duque se comprometió a sembrar 180 millones de árboles en lo que queda de su mandato. Eso equivale más o menos a sembrar 250.000 árboles por día.

En principio suena como una buena idea. Los árboles capturan carbono, se ven lindos, los pájaros y las ardillas van a tener casa, entre otras tantas bondades que sabemos que traen. Y si plantamos más árboles, entonces habrá más oxígeno y menos carbono y por tanto menos cambio climático.

Pero la propuesta del presidente se cae no solo por problemas de ejecución sino también de objetivo. Se necesitaría plantar unos 10.000 árboles por hora para alcanzar la meta y más de 300.000 hectáreas, que seguro estarán en disputa. Desde el punto de vista técnico, que se planten estos árboles no quiere decir que sobrevivan; muchos retoños mueren porque se los comen los bichos, los pisan, etc. Y, para completar, plantar árboles no necesariamente reduce el cambio climático. Algunos ambientalistas han señalado que plantar puede ser incluso peor, como pasó con los bosques jóvenes que se incendiaron en Europa debido a la sequía.

Por eso, más que reforestar, el Gobierno debería enfocar sus esfuerzos en detener la deforestación. Y es que ese problema, en Colombia, no solo es ambiental sino también económico y político. Dicho de otro modo, los árboles son una traba para algunos actores económicos. La ganadería extensiva necesita pastos, no bosques, y la minería necesita despejar cuencas de ríos y montañas para excavar. Y el Gobierno los deja hacerlo porque no hay voluntad política para frenarlo, como lo señaló el “juicio a la deforestación” de Dejusticia cuando mostró la falta de apoyo del Gobierno Nacional y la desconexión entre las distintas instituciones ambientales.

Si a eso se le suma que muchas personas hacen esas actividades porque no tienen alternativa, bien sea por falta de oportunidades económicas o por presión de otros actores que quizá estén armados, la imagen de la deforestación en el país no se va a cambiar por plantar 10, 15 o 180 millones de árboles.

Lo que se necesita es que se den garantías y, además, beneficios económicos por cuidar el ambiente y detener la deforestación. El programa de familias guardabosques fue una idea interesante para eso, pero es muy difícil competir con actores que prometen más dinero o grupos armados que asesinan líderes ambientales.

La promesa del presidente es casi cínica. Si el Gobierno les sigue apostando a los hidrocarburos y no toma en serio la protección a los líderes ambientales, no hay número de árboles que aguante o compense. Tampoco hará mucho si no se crean estrategias de conservación que incluyan a la gente que vive cerca de las áreas deforestadas y les garanticen un poder de decisión sobre su territorio. Esa promesa es una cortina de humo, y cuando se disipe no vamos a tener ni árboles ni un mejor ambiente.

@sebvillasanta

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2020-02-07T00:00:40-05:00

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2020-02-07T04:13:00-05:00

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