Por: Eduardo Sarmiento

Reforma sin propósitos definidos

La reforma tributaria se desintegró antes del debate. Se presentó como una reforma estructural, pero terminó en una carrera para tapar el hueco fiscal creado por el mismo Gobierno. A mediados de la semana aparecieron tres indicadores que aclaran el marco general de la economía. Primero, en los tres trimestres el producto nacional creció 2,5 %; la industria continuó estancada, con la mitad de los sectores en índices negativos, el empleo crece 1 % y las obras civiles caen 4 %. De nuevo se equivocan las instituciones internacionales y nacionales en las previsiones de la economía. A principio de año el FMI vaticinó que la economía colombiana crecería por encima de 3 %.

Segundo, los precios del petróleo cayeron por debajo de US$60. Las mayores expansiones de la producción se presentan en Rusia y EE. UU. No será fácil para Arabia Saudita liderar un cartel en el que el mayor potencial de producción se encuentra en organismos externos. La economía colombiana continúa asediada por la enfermedad holandesa, que mantiene el predominio del petróleo y la minería e impide el resurgimiento de las exportaciones industriales y agrícolas. Está abocada a un déficit en cuenta corriente que solo es sostenible en períodos de altas cotizaciones de los productos básicos.

Tercero, la propuesta oficial del IVA a la canasta familiar, que es el principal instrumento del Gobierno para reactivar la economía y cumplir la regla fiscal de reducir el déficit a 2,4 % del PIB, de entrada, fue rechazada por la mayoría de los partidos. El hueco fiscal surge de la ley de presupuesto, que establece un gasto excesivo con respecto al pasado y a las disponibilidades financieras, y obliga al Congreso a cubrirlo.

Los indicadores recientes de producción y el aumento del déficit en cuenta corriente sugieren que el propósito gubernamental de reducir el déficit a 2,4 % del PIB agravaría el estancamiento de la producción y el empleo. La brecha entre los dos déficits se ampliaría. Así ocurrió en la última reforma de Mauricio Cárdenas, que agravó el estancamiento y no incrementó los recaudos. Cómo se enseña en el primer curso, la reducción del déficit fiscal en una economía en estancamiento y deficiencia de balanza de pagos no es el medio adecuado para recuperar la actividad productiva.

La verdad es que el modelo imperante del Consenso de Washington no está funcionando en América Latina. La política de reactivación basada en la reducción del salario y el asistencialismo no es sostenible. El rechazo del IVA a la canasta familiar es una clara manifestación de inconformidad colectiva. El IVA y la reactivación quedaron relegados a un segundo plano. La manija está en el Congreso, cuyo propósito es cubrir el hueco fiscal. Está pagando la culpa de aprobar un presupuesto desfinanciado. La ley de financiamiento acabó siendo una carrera desesperada para aumentar el recaudo fiscal y el gasto.

Lo que se plantea ahora desde el punto de vista del método científico es alinear los instrumentos y objetivos. El medio indicado para reactivar en la economía es la coordinación de la política monetaria y fiscal para conciliar los dos déficits y la política industrial y comercial para rectificar la estructura deficitaria de la balanza de pagos. Falta por ver qué tipo de conciliación se hará para llenar el hueco fiscal y salir de la encrucijada. Lo cierto es que el hueco fiscal le introduce ruido al proceso de decisión y desvía los propósitos centrales. La política fiscal no puede ser guiada por desbalances que aumentan el gasto y los recaudos, sino por la progresividad tributaria en que los que tienen más pagan más.

 

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