Por: Hernán González Rodríguez

Reformas a la educación

Como es sabido, el presidente de centro derecha de Chile, señor Sebastián Piñera, ocupó la presidencia de su país con el 52% de los votos, hace apenas año y medio, tras 20 años de gobiernos de centro izquierda. Su popularidad ahora no pasa del 30%, a pesar de que la economía les marcha bien, les crece cerca del 6% su PIB. ¿Por cuáles motivos?

Hace ya muchos años que nos visitó el por entonces presidente de Chile, señor Eduardo Frei Montalva, y se quejó con amargura de la actitud de sus compatriotas en política, "en mi país eligen un presidente con amplio respaldo de la población y al año siguiente lo abandonan a su suerte".

Contrasta dicho talante con el de los colombianos, quienes los elegimos, los toleramos y los apoyamos hasta después de finalizar, aun cuando dilapiden las grandes mayorías y eludan remover los obstáculos mayores para la convivencia y el progreso.

Algunos despistados académicos chilenos le atribuyen la pérdida de popularidad de Piñera a "problemas de su personalidad de empresario y no de político". Argumentan tales expertos que los chilenos "no tienen conexión emocional con su mandatario". "Que Piñera no ha correspondido a las elevadas expectativas que creó durante su campaña". Todo esto, a pesar de que le correspondió sortear un espantoso terremoto y lo sorteó con relativo éxito.

Pero sospecho que los más acertados son quienes afirman que nunca había visto Chile tantas marchas y protestas como en meses recientes. Ciertamente, la culpa en el fondo recae en los estudiantes, quienes llevan ya cinco meses exigiendo educación pública de calidad y gratis, sin prestarse a dialogar con el Gobierno. Tras la segunda reunión se levantaron de la mesa y no retornaron.

En Colombia también acaba de presentarse ante el Congreso un proyecto de Ley de Educación, el cual es en mi concepto aceptable, progresista. Pero la Federación Colombiana de Educadores se ha dedicado a desinformar al respecto, a apoyar los paros, señalando que tal ley propone la privatización de la educación superior, que no se concertó con los rectores y los estudiantes, que le recorta la financiación a la educación pública...

Para los críticos locales no importa que el proyecto trate de garantizar la cobertura universal de la educación básica. Ni que pretenda incrementar y generalizar la calidad educativa, mediante la formación de maestros. Ni que se ofrezcan créditos para educación con interés cero. Ni que trate de fortalecer las labores investigativas, a pesar de que en mala hora rechazaron el aporte del capital privado para las investigaciones. Tampoco cuentan los 11 billones de pesos que se dedicarán en 10 años para la educación superior.

Recordemos que en preescolar y en primaria nos encontramos más atrasados que Bolivia y Ecuador. Y en todo los niveles marchamos tras Brasil, Argentina y Cuba.

El proyecto colombiano parece venir como anillo al dedo para tomar por acá la misma senda de los estudiantes chilenos. Es la manera como intereses oscuros buscan minar el gobierno del presidente Santos. Lo que menos les interesa son los avances de la reforma educativa nuestra.

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