Por: Nicholas D. Kristof

Refuerzos para los extremistas

EL SITIO BAJO EL QUE HA ESTADO Ciudad de Gaza desde hace ya un año pudiera terminar pronto con el nuevo cese al fuego allá, marcando el eclipse de una estrategia política de Israel respaldada por los estadounidenses que tiene entre sus repercusiones el reforzamiento de los extremistas.

Aquí en la Franja de Gaza, sulfurosa por las emisiones de automóviles que queman grasa de cocina debido a que el asedio ha ocasionado una escasez de gasolina, la totalidad del año pasado bajo el bloqueo no sólo huele a bancarrota moral –un caso de castigo colectivo– sino que también es una medida contraproducente. La nueva y frágil tregua entre Hamas e Israel, quizá, pudiera crear una nueva oportunidad de estabilizar los territorios palestinos, aunque solamente si los estadounidenses absorbemos las lecciones de lo que ha salido mal.

Consideremos a Adham Sharif, hombre de 26 años de edad, cuya única hija, una bebé de nombre Mariam, tenía un diminuto hoyo en el corazón y necesitaba cirugía para repararlo. Los hospitales de Gaza no eran capaces de llevar a cabo este tipo de procedimiento quirúrgico, pero los médicos dijeron que los cirujanos de Israel o países vecinos podrían salvarla.

En teoría, hubo una excepción al asedio a fin de permitirle a la población que saliera de Gaza en caso de emergencias médicas. Sin embargo, Sharif no pudo obtener el permiso israelí para que Mariam saliera, y ella murió en noviembre. “Es sumamente duro”, me dijo. “Ves cómo muere tu hija, y no puedes salvarla”.

¿Culpa Sharif a Hamas como la causa del bloqueo que le costó la vida a su hija? “Por supuesto que no”, dijo. “Culpo a quienes cerraron la frontera: Israel. También a Estados Unidos, su aliado”.

Ahora, cuando él oye a los extremistas disparando cohetes hacia poblados de la frontera israelí al sur, como Sderot, Sharif siente una agradable calidez por todo el cuerpo.

Cuando Hamas ganó elecciones democráticas en la Franja de Gaza y después se hizo de todo el poder hace ya un año, no había buenas opciones para Israel y Estados Unidos. Hamas incluye a terroristas, fundamentalistas islámicos e ideólogos, y ha cultivado lazos con Irán. Cuenta con un gobierno decente bajo las devaluadas normas de la región –no es particularmente corrupto, proporciona servicios sociales de manera eficiente y las calles son seguras–, pero dirige un Estado policial y alarma a todos sus vecinos.

Entre todas las malas opciones, Israel quizá eligió la peor. El castigo general en Gaza radicalizó a la población, presentó a Hamas como una víctima, les dio a sus funcionarios una excusa para explicar fracasos económicos y socavó a los moderados, quienes son la mejor esperanza tanto de Israel como del mundo árabe.

Si Estados Unidos e Israel hubieran formado una Comisión Conjunta para el Respaldo de Extremistas de Hamas y el Apuntalamiento de la Influencia Iraní, difícilmente podrían haberlo hecho mejor. El episodio constituye la evidencia más reciente en el sentido de que la línea dura de Israel, Palestina y Estados Unidos se refuerzan entre sí. El terrorismo árabe condujo al ascenso de militaristas israelíes y a dos invasiones de Líbano. La primera invasión israelí contribuyó a dar origen a Hizbulá, y después los ataques israelíes en contra de la policía palestina fueron uno de los factores que impulsaron a Hamas.

Así que, si bien los israelíes denuncian a Hizbulá y Hamas, ellos contribuyeron a su creación. Además, aunque los palestinos denuncien la barrera de separación, sus atentados suicidas la erigieron.

“Los extremistas se necesitan mutuamente, se apoyan entre sí”, notó Eyad el-Sarraj, prominente psiquiatra en la Franja de Gaza. Se lamenta que el sitio de Gaza haya desacreditado a las voces proestadounidenses. “Quienquiera que no siga a Estados Unidos es un héroe, incluso los locos”.

Estados Unidos e Israel dedicaron sus energías a castigar a Hamas y no trabajaron con miras a lograr que nuestros interlocutores preferidos tuvieran éxito. Así que moderados como Mahmoud Abbas, el Presidente palestino, ahora transmiten una imagen de debilidad, irrelevancia e ineficiencia, al tiempo que Hamas sale victorioso.

Los estadounidenses deberíamos hablar con Hamas no debido a que las negociaciones vayan a llegar necesariamente a alguna parte, sino porque de no hacerlo, necesariamente no se logrará avanzar a ninguna parte.

La decisión de Israel en cuanto a impedirles a los habitantes de Gaza que estudien en el extranjero fue particularmente miope. La educación de los habitantes de Gaza pudiera contribuir a la formación de un contingente de moderados, pero Israel ha seguido impidiendo que tres académicos de la beca Fulbright salgan con rumbo a Estados Unidos.

“Si Israel desea un futuro mejor, debería estar en su interés los vecinos con mejor educación”, anotó Zohair Abu Shaban, uno de los estudiantes Fulbright, en un reproche.

Hasta ahora, Hamas ha superado las maniobras de Israel y de Estados Unidos. Las encuestas de opinión de este año muestran que Hamas está avanzando en general en la Ribera Occidental (Cisjordania) y la Franja de Gaza. Además, cuando los estadounidenses le ayudamos a Hamas, impulsamos inadvertidamente a su patrocinador, Irán.

Quizá lo más deprimente sea que grandes mayorías de palestinos –más que en el pasado–- actualmente favorecen ataques terroristas.

Una estudiante universitaria en Gaza, Rajaa Batrikhi, de 20 años de edad, me dijo que ella ha sufrido muchísimo a raíz del asedio, tanto que no puede esperar el momento de los ataques con cohetes, lanzados desde Gaza, sobre poblados israelíes. “Yo pienso que es bueno cuando les damos con estos cohetes”, dijo, mostrándose desafiante. “Nuestros cohetes no son nada si se comparan con los proyectiles que ellos nos mandan. Cuando menos, ellos sienten el temor que nosotros sentimos a diario”.

Israel estuvo dispuesto a negociar indirectamente con Hamas, y, con la tregua, ahora tenemos una oportunidad de romper esta espiral descendente. Dejemos de apuntalar a Hamas.

*Columnista de ‘The New York Times’, dos veces ganador del Premio Pulitzer.

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