Por: Marcos Peckel

Refugiados y refugiados

La creación de Israel y la subsiguiente guerra que al nuevo Estado le declararon los países de la Liga Árabe dio origen a dos olas de refugiados: los palestinos y los judíos que fueron expulsados de los países árabes. Para los refugiados palestinos, 710 mil según la ONU, el organismo creó en 1950 Unrwa, una agencia especializada que tendría a su cargo la gestión humanitaria de los desplazados y que hasta el día de hoy administra los campos de refugiados en Gaza, Cisjordania, Líbano, Siria y Jordania. En contraste, los 15 millones de refugiados que dejó la partición de la India no contaron con esa suerte y cada país receptor tuvo que acomodar a los refugiados: hindúes en India, musulmanes en Pakistán.

Setenta años han pasado, los refugiados palestinos siguen confinados en escuálidos campos viviendo bajo el régimen asistencialista de Unrwa sin que los países árabes a los que llegaron les permitan su integración económica y social, lo cual no significa renunciar a su identidad, a sus aspiraciones, ni a una solución justa. La Autoridad Nacional Palestina (ANP), creada tras los acuerdos de Oslo, ha hecho poco para sacar a los refugiados de los campos en los territorios bajo su administración en Cisjordania y Gaza, a pesar de la masiva ayuda recibida de la comunidad internacional, mucho menos Hamás que expulsó a la ANP de Gaza en 2007.

El otro grupo de refugiados, unos 850 mil, corresponde a los judíos expulsados de los países árabes. Comunidades como la de Irak, con 2.500 años de presencia continua, y las centenarias de Argelia, Libia, Marruecos y Túnez, de un día para otro fueron forzadas a abandonar sus hogares y partir.

Paradójicamente los países árabes que quisieron destruir a Israel tras su independencia justifican con esa expulsión arbitraria la necesidad del Estado judío, único que acogió a los expulsados. Estos refugiados llegaron al nuevo país en condición de indigencia, tras haber sido despojados de manera sumaria de sus propiedades y tras pasar unos años en campos de transición se integraron a la sociedad y abandonaron para siempre su condición de refugiados. Por la política imperante en Naciones Unidas, los refugiados judíos no han sido reconocidos como tales.

La Convención de la ONU de 1951 establece que el estatus de refugiado no se “transfiere” a los descendientes. Sin embargo, esta no aplica a los refugiados palestinos, quienes mantienen su estatus de refugiados hasta cuarta generación, sumando actualmente unos cinco millones, de los cuales un millón y medio reside en los 58 campos administrados por Unrwa.

No se puede negar el derecho de los refugiados palestinos a una solución justa tal como exige la resolución 242 del Consejo de Seguridad, pero al mundo árabe y al liderazgo palestino les ha interesado mantenerlos en los campos, sin derechos, sin nacionalidad, sin esperanza, para utilizarlos como herramienta diplomática y propagandística.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Marcos Peckel