Por: José Manuel Restrepo

Regalo de Navidad de S&P

Antes de cerrar el año, la firma calificadora de riesgos Standard & Poor’s le dejó a Colombia un poderoso regalo de Navidad. Un mensaje claro, contundente y eventualmente peligroso que, cuando se lo lee, puede tener destinatarios encriptados para quienes lideran el manejo de la política macroeconómica y especialmente la fiscal en el pasado, en el presente y en el futuro. El regalo puede tener veneno en la medida en la cual no adoptemos los ajustes requeridos, caso en el cual seguramente quedaremos abocados a perder el grado de inversión del país y convertirnos en una nación para especular. El regalo implicó también que algunas compañías colombianas perdieran de inmediato el grado de inversión.

Justo por lo anterior, este mensaje no puede pasarse de largo, o bien para descalificarlo o bien para convertirlo en una herencia maldita para los siguientes gobiernos. Es urgente actuar pronto y contundentemente, aun si ello sólo implica iniciar las reformas estructurales que necesita el país o empezar su debate político y conceptual en las instancias donde se requiera, gastándose el poco capital político del que aún se disponga.

Respecto del pasado y del presente, es urgente corregir el rumbo de acumulación de déficit fiscal y aumento proporcional de la deuda pública en relación al PIB en más de 3 puntos porcentuales. A pesar de los esfuerzos por bajar dicho déficit y con el ritmo proyectado, las previsiones futuras que contempla el Marco Fiscal de Mediano Plazo parecen inalcanzables, tanto en crecimiento como en estimaciones fiscales del déficit y en proyecciones de recaudo y gasto público en relación con el PIB. De la mano de lo anterior, respecto del pasado y el presente es también necesario construir la estrategia que enfrente la desaceleración económica, que al final es la única fuente confiable para generar más ingresos fiscales. No puede haber estrategia de recaudo fiscal exitosa que no contemple en simultánea un crecimiento del sector productivo de la economía.

De este presente, S&P es por ello crítica del bajo recaudo tributario derivado de la última reforma tributaria del 2016 (que impedirá llegar a un recaudo en tributos del 16 % del PIB, asunto clave en el marco fiscal de mediano plazo), que, sumado a la desaceleración, pone en riesgo el cumplimiento de regla fiscal e inflexibiliza la política económica. Ya algunos aparecen defendiendo la modificación de regla fiscal (que sin duda requiere cambios) como salida, asunto que en el modelo actual de administración tributaria y de gasto público puede ser una propuesta entre irresponsable y peligrosa.

Pensando a futuro, las calificadoras de riesgo ponen de presente preocupaciones genuinas de país, como el descontento popular con la clase política por la corrupción y un proceso de paz como avance pero con dificultades en su implementación, y naturalmente dejan tácito el mensaje sobre la prudencia, coherencia y consistencia de las propuestas económicas a futuro de país y cree que nuestra institucionalidad puede sortear las dificultades actuales. No significa esto que unas propuestas políticas sean las responsables de la caída en la calificación, porque, entre otras, en toda elección suele haber propuestas irresponsables en incoherentes.

Una de estas últimas, por ejemplo, es aquella que propone un IVA de 0 %. Una propuesta que pone en riesgo el 30 % del recaudo total del país y que pretende cambiarlo por impuestos antitécnicos que gravan a las empresas sobre sus ventas (no sobre las utilidades). Empresas que entre otras ya están pagando tasas efectivas superiores al 70 % anual. La incoherencia es tal que ante dicha propuesta la mayoría de las empresas en cuestión racionalmente cambiarían de país para su producción y nos dejarían en el peor de los mundos: sin fuente de recursos fiscales, sin crecimiento y con el hueco del genial IVA cero.

La salida sensata a este regalo de Navidad de las calificadoras de riesgo es arrancar ya las reformas cantadas de pensiones, regalías y transferencias; definir límites al tema de vigencias futuras, que parece desbordado; organizar una estrategia real contra la evasión y la corrupción, y en simultánea proponer un camino de crecimiento real a mediano y largo plazo.

De no hacerlo, en diciembre de 2018 recibiremos otro regalo de Navidad más delicado.

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