Por: Maureen Dowd

Reglas de la mota

En el último capítulo cubrí la manera incorrecta de drogarse. En el presente, cubriré cómo drogarse o “pachequearse”.

Después de haber reconocido que hice algo imprudente en Denver —no darme cuenta de que consumir un solo cuadro, aproximadamente una cuarta parte, de una barra de dulce con marihuana era riesgoso para una virgen de los comestibles—, muchos en la industria de la mota me regañaron por cometer una imprudencia.

Sin embargo, algunos en el mundo de Mary Juana me han contactado para decirme que mi disforia (a saber, qué mala pata) está ocurriendo con frecuencia creciente en Colorado. Justin Hartfield es el fundador en California de Marijuana.com y Weedmaps.com, y un empresario involucrado en algunas de las principales empresas tecnológicas de marihuana de Estados Unidos. Como notó The Wall Street Journal en un perfil de marzo pasado, el exvendedor de marihuana durante el bachillerato, actualmente de 30 años de edad, quiere ser “el Philip Morris de la mota”.

“Su experiencia destaca una necesidad significativa de dosis estandarizadas, así como pruebas y etiquetado”, me dijo, recordando una vertiginosa espiral de paranoia similar cuando él y su esposa dividieron un brownie de marihuana en Ámsterdam, en 2008.

El viernes pasado, Marijuana.com lanzó una guía en marcha para “las mejores prácticas con miras tanto al consumo como a la venta de comestibles”. Exhortaba a cada dispensario en Colorado y a lo largo de Estados Unidos a seguir el ejemplo de Ámsterdam y poner signos de advertencia sobre los peligros de comer demasiadas golosinas psicotrópicas. (Otros sitios en internet, desde Vice hasta Vox, también intervinieron con útiles consejos de seguridad).

Hartfield dijo que Weedmaps está suministrando panfletos, afiches y videos a dispensarios y consumidores, incluido un panfleto de “Educación sobre comestibles” con encabezados del tipo de “Empiece con poco”, “Espere” porque los comestibles toman dos horas o más para surtir efecto. “No mezcle” con alcohol u otras sustancias y “Manténgalos fuera del alcance” de los niños. “Los comestibles no son el mejor vehículo de suministro en general para la marihuana, porque es notoriamente difícil controlar la valoración en el estómago”, dijo Hartfield. “Cuando la fumas es muy fácil. Tienes una fumada, te afecta de inmediato. Después puedes decidir si fumas otra vez, en caso de que quieras subir un poco más. Con los comestibles, cae en el estómago de golpe, ¡y ahí vamos!”.

Algunos políticos de Colorado se muestran nerviosos con respecto a historias como la de la madre de Longomont, que encontró a su hija de dos años comiendo una galleta de marihuana frente a su edificio de apartamentos, y la de dos niños de 10 años de edad en Greeley, los cuales fueron sorprendidos vendiendo y trocando mota extraída a parientes. (Eso sin mencionar el nuevo estudio británico en el que se sugiere que pudiera haber una correlación entre fumar cannabis y un cambio temporal en el tamaño y forma del esperma).

“De alguna manera es perturbador que los estados que la aprobaron no hayan tenido mayor vigilancia e información al consumidor”, dijo Jerome Groopman, de la Escuela de Medicina de Harvard, quien favorece la legalización. “El caballo ya salió del establo, por así decirlo, y existe una responsabilidad con los consumidores y, en particular, con los jóvenes. El THC es una sustancia seria. Ha subido de 10 a 15 veces en las plantas actuales en comparación con la de los años 60. Ya pasó mucho tiempo desde Upton Sinclair. Ahora el consumidor tiene que saber: ¿Es pura? ¿Qué concentración tiene? ¿Cuáles son los peligros?”.

El miércoles pasado, la fuerza de tarea de estado se reunió para forjar una regla que denota 10 miligramos como una porción, de manera que la dosis esté demarcada. Además, el viernes, el gobernador John Hickenlooper firmó una legislación que propone una solución bancaria para el negocio de la mota, mayormente en efectivo, pero la Reserva Federal tendría que darle su aprobación. Debido a que la ley de Colorado fue aprobada por referendo, es como un estatuto del Salvaje Oeste, donde las cosas están siendo llenadas por debajo, con una aplicación casual del proceso regulador.

“Una de las principales razones de mi involucramiento en el movimiento fue para que el consumidor pudiera tener acceso elemental a información sobre los productos que está consumiendo, lo cual era totalmente imposible bajo la prohibición que creó el mercado negro”, dijo Tom Angell, el fundador y presidente de Marijuana Majority. “Así que resulta en particular decepcionante ver que algunas empresas en la industria de la marihuana legal —que nuestros años de activismo permitieron su existencia— no estén logrando alcanzar esos principios. Todo parece indicar que el etiquetado básico e información al consumidor no ha sido una de las principales prioridades, pero, esperemos que ahora eso empiece a cambiar”. Él quiere que cuidadores de plantas detrás del mostrador sean entrenados para que puedan ofrecer una guía a la medida de cada cliente en términos de niveles variables de tolerancia.

A medida que el mercado negro va saliendo a la luz, la comunidad despreocupada puede ser reprimida con respecto a cualquier acción enfocada a regular o poner contornos alrededor de la venta de mota con el fin de proteger mejor a neófitos. Quizá porque han pasado mucho tiempo peleando para superar la vieja caricatura de la “Locura de la yerba”, el grupo de la yerba se enfurece ante la sugerencia de cualquier regulación, sin consideración a cuán pequeña y útil. La comunidad que existió en las sombras puede tener una reacción contracultural a las reglas.

Además de eso, como destacó un político de Colorado: “Hay muchísimo dinero involucrado. Este es un grupo de personas que probablemente nunca pensó en el dinero, y ahora mucha gente sólo tiene signos de dólares en los ojos”. Riendo, anotó: “Lo más raro de todo en el mundo es enterarse de un mariguano enojado que termina una perorata sobre las reglas diciendo ‘hermano’”.

 

* Maureen Dowd

 

 

Buscar columnista