Por: Andrés Hoyos

Regreso al cauce

El domingo pasado el PSOE sacó dos millones de votos más que en 2016 y 38 sillas adicionales en el Congreso de Diputados. Fue un resultado amplio, tal vez no rotundo y definitivo. Algo menos exitosos, aunque también positivos, fueron los resultados de Ciudadanos y de los partidos independentistas. La derecha bifronte del PP y Vox salió estruendosamente derrotada. La izquierda moderada, por así llamarla, tiene posibilidades de gobernar en España, pese a que no se ve con claridad cómo sellaría los pactos necesarios para hacerlo.

Ciudadanos no quiere tener nada que ver con el PSOE, pensando tal vez que a mediano plazo les favorece que los socialistas se vean obligados a pactar con algún grupo nacionalista. Esta idea de apariencia astuta puede resultar peligrosa, pues si los socialistas arman un pacto con Podemos y con unos nacionalistas moderados, sumarían los 176 diputados necesarios y Sánchez permanecería largo tiempo como presidente del gobierno, lo que frenaría la carrera de Rivera. La inercia del poder, sobre todo en los regímenes parlamentarios, fortalece a quien lo tiene y debilita a quien no lo tiene.

Uno piensa que el PSOE va a descartar la alianza con los partidos vascos. Aunque esta región se ha ido moderando desde los tiempos trágicos de ETA y Herri Batasuna, el domingo los socialistas tuvieron allí un desempeño entre pobre y malo. En contraste, los catalanes, pese al ruido que han hecho los independentistas en los últimos tiempos, parecen haber adquirido una cierta sensatez. El PSOE sacó allí 12 diputados, cinco más que en 2016. He escrito antes que los referendos independentistas, que curaron a Canadá del virus secesionista, deben hacerse en España. Sin embargo, ¿en la actual coyuntura es viable llegar a un acuerdo que implique experimentos que se consideran riesgosos? No creo. La última opción, que no necesariamente le conviene a Rivera ni tampoco tal vez al PSOE, es que se repitan las elecciones. Hoy esto último se ve remoto. En todo caso, no habrá pactos antes del 26 de mayo, cuando se celebran las elecciones locales, autonómicas y europeas, que van a mostrar en qué anda la ciudadanía de aquí a un mes.

En varias partes del mundo se habla de la polarización y sus supuestas “virtudes”, si bien hoy en España lo que está en boca de las mayorías es la noción de centro. Los fascismos, que tanto miedo meten, parecen destinados a estrellarse contra un techo minoritario en casi todos los países europeos. La gente siente rabia e influida por ella juega con ideas peligrosas, pero a la hora de otorgar un poder decisivo a quien las llevaría a cabo, no lo hace.

Una noticia importante es que con el PSOE la socialdemocracia europea, tan de capa caída en tiempos recientes que estaban prediciendo su desaparición, recibe un impulso potente. No tiene ni tenía presentación que una corriente tan importante, como que fue la principal responsable de detener al leninismo en Europa Occidental, estuviera tan marchita, aunque sí es cierto que ha tenido grandes dificultades para adaptarse al ambiente del siglo XXI en el que la clase obrera de antaño ha perdido peso en una economía de servicios e innovaciones productivas, como la europea. Tampoco han sido capaces de reformar el Estado de bienestar allí donde se necesita.

P. S. Ojalá Venezuela no se bañe de sangre en su necesario intento de sacar a Maduro del poder. La cosa allá está caliente.

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