Regreso al colegio

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Anunciar fechas para reactivar las clases presenciales de los colegios es prematuro. Una salida en falso, tanto que al presidente Duque le tocó recurrir luego a mensajes grandilocuentes para intentar atenuar la confusión: “Bajo ninguna circunstancia vamos a poner en riesgo a nuestros niños”.

Lo verdaderamente importante, en lugar de intentar decretar resultados y actuar con el deseo, es que el Gobierno Nacional y los gobiernos distritales hagan para los colegios públicos –e incluso para muchos privados– lo que ahora solo pueden hacer las instituciones privadas con más recursos.

En planeación e infraestructura: (i) planeación para diferentes escenarios (dependiendo de la nueva y cambiante información epidemiológica que se vaya observando), (ii) adecuación de la infraestructura para atender los estándares sanitarios, y (iii) garantizar la dotación completa de recursos de conectividad para los estudiantes.

En aspectos curriculares: organización de currículos para permitir flexibilidad pedagógica. Es posible, por ejemplo, que se tenga que modificar la estructura actual de los grados y, además, como lo manifiestan los expertos, el juego, más que los contenidos de información, tendrá que ser la prioridad de la oferta escolar para los niños cuando regresen al colegio. Será necesario para la salud mental de los jóvenes.

Para los profesores: (i) reorganización de sus actividades –en sintonía con los cambios curriculares y con el reto de grupos más pequeños de estudiantes–, y (ii) contratación de personal para servicios escolares –útil para la educación, útil para la reactivación del empleo–.

Las propuestas anteriores cuestan y cuestan mucho. ¿Pero no es acaso una prioridad? Si algo une a rojos, azules, verdes o amarillos es la importancia de la educación, ¿no?

De diez millones de niños y jóvenes matriculados en etapa escolar, el 80 % está en colegios públicos. Y seguro una buena parte del 20 % restante se encuentra en colegios privados que tienen calidad e infraestructura educativas inferiores a las de las instituciones oficiales. Los pocos estudiantes e instituciones privadas que tienen muchos recursos, los que pueden hacer y están haciendo lo que se debe hacer, por supuesto no caracterizan la realidad de nuestro país.

Para que nuestros niños colombianos tengan oportunidades en medio de la crisis, no puede dejarse la responsabilidad en manos de cada institución, como resulta de la estrategia cascada a la que nos va familiarizando el Gobierno: gestiona por decretos y anuncios, les pasa la tarea de implementación a los gobiernos distritales, y estos, a su vez, les pasan la responsabilidad a los ciudadanos.

Debe haber una respuesta fuerte de Estado. Incluso pasando por alto la deuda social estructural –otra vez más, tristemente–, para pensar solamente en mitigar el impacto de la crisis sobre la educación de los niños, el Gobierno tendrá que fortalecer rápidamente el sistema educativo.

La fecha de regreso se define cuando el sistema esté listo. Esto es responsabilidad del Gobierno, no solo de los colegios. Y estar listo no se decreta con una fecha prematura de regreso a las aulas.

Coletilla. Si parece pesimista la evaluación de la gestión del Gobierno en materia de planeación y bioseguridad, basta ver lo que pasó con el día sin IVA. Somos noticia a nivel global. Para la muestra, el Financial Times. Ojalá el Gobierno se ponga como meta al menos no ser un mal ejemplo mundial con el tema del regreso al colegio.

* Ph.D. en Economía, University of Massachusetts-Amherst. Profesor asociado de Economía y director de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana (http://www.javeriana.edu.co/blogs/gonzalohernandez/).

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