Por: Eduardo Sarmiento

Regreso a la protección agrícola

En la última entrega de las cuentas nacionales se observa que a tiempo que la minería, la industria, la construcción y el comercio caen vertiginosamente, la agricultura creció 6 % en el segundo semestre. El resultado generó una gran euforia en los círculos neoliberales que se precipitaron a presentarla como un efecto rezagado de la apertura económica de 1991. De nuevo se equivocan. El buen desempeño de la agricultura en el semestre proviene del retorno de la protección.

La crisis de la agricultura se remonta a la apertura de la administración Gaviria, cuando se adoptó el desmonte generalizado de los aranceles y el control cambiario que afectaron primordialmente los cultivos transitorios, en particular los de cereales, que por razones de diversa índole se cultivan en los países de estaciones con mayor productividad y menores costos. Su producción descendió sistemáticamente en los últimos 25 años y la participación en el área sembrada se redujo en forma considerable. Como las áreas liberadas no fueron ocupadas por otros cultivos, la caída de los cereales significó el deterioro persistente del agro con respecto a la economía. Los hechos se encargaron de demostrar que el país está en capacidad de producir más fácil los cultivos que tienen menor demanda mundial.

La respuesta al fracaso ha estado en políticas generalistas orientadas a ampliar la oferta del sector, que bajan los precios y contraen el empleo y no afectan significativamente la producción. En general, se observa que los aumentos de productividad del sector no están correspondidos por aumentos iguales de la producción. Lo que se plantea es una amplia intervención para aumentar la demanda.

El diagnóstico que se encuentra en mi último libro, Bases para una nueva teoría económica, lo percibió más el ministro Iragorri que sus antecesores neoliberales. El ministro adoptó una política proteccionista orientada a sustituir los aranceles y las restricciones cuantitativas aplicadas en el pasado por subsidios a la inversión, la reducción de costos, irrigación, seguros de cosechas, y más importante, anunció que el Ministerio estaría dispuesto a subsidiar las cosechas en los casos que los precios resultarán inferiores a los costos de producción, como ocurre con el arroz. Esto en conjunto con la devaluación del dólar indujo a los productores impulsados por los gremios a ampliar el área agrícola y aumentar las cosechas. Los resultados se sintieron especialmente en los cereales, los cuales en el primer semestre aumentaron 32 % y explican más de la mitad del crecimiento del sector. No es necesario entrar en mayores detalles para advertir que la recuperación de la agricultura obedece al retorno de la protección de los cereales que se abandonó irresponsablemente en los últimos cinco lustros.

Mientras que la agricultura disponga de condiciones especiales en los países de estaciones, no hay más opción que protegerla. Lo que sí es cierto es que en las condiciones actuales mundiales es más fácil adelantar la protección con subsidios que con aranceles. Así lo han advertido varios países de la región, y en particular la empresa estatal Embrapa de Brasil.

El experimento agrícola contribuyó a despejar incógnitas. La principal causa del deterioro de los últimos 25 años es el desmonte generalizado de la protección, en particular de los cereales. La expansión generalizada del sector está expuesta a serias limitaciones de demanda; las mayores posibilidades de expansión del sector están en los cereales, la carne y los derivados de la leche. El desarrollo y la recuperación del agro requieren estrategias sectoriales y protección que propicien los cultivos que ofrecen la mejor combinación de demanda y facilidad de producción.

 

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