Por: Hernán González Rodríguez

Reguladores unificados

El señor Jamie Dimon, presidente del J.P. Morgan Chase, sostiene que el presidente Barack Obama sí ha establecido ya un plan de reforma regulatoria basado en una sólida plataforma para recuperar la confianza en el sistema financiero de los Estados Unidos, tanto de los inversionistas locales como de los extranjeros.

Apoya Dimon especialmente la creación de un solo regulador bancario, algo que debió existir hace mucho tiempo. Porque nunca tuvo sentido que un producto de tarjeta de crédito ofrecido por el Chase fuera supervisado por un regulador conforme a un conjunto de estándares, mientras que un producto idéntico de un competidor era supervisado por un regulador completamente diferente y según criterios distintos.

Dentro de las nuevas propuestas se recibe con beneplácito el énfasis en el aumento de las reservas y la liquidez de bancos e instituciones financieras para afrontar las épocas de dificultades, para las cesaciones de pagos.  Entiendo que por cada 100 pesos de crédito con algún riesgo se exigían en los Estados Unidos reservas de exiguos 20 pesos, frente a 30 en Australia y 35 en Canadá.

Obama colocará bajo la vigilancia de la Security Exchange Commission, SEC, un sinnúmero de cajas de ahorros, fondos de cobertura, firmas hipotecarias de poco calado, que anduvieron siempre por fuera del control de la SEC, y que, en concepto de Dimon, fueron las principales causantes de la crisis actual. La SEC es una agencia independiente del gobierno de los Estados Unidos encargada de las bolsas de valores, de los futuros, de los mercados electrónicos...

Sostiene el presidente del Morgan que muchas de estas institucioncitas hipotecarias crearon hipotecas con cuotas de pago variables tan absurdamente bajas al comienzo que ni siquiera cubrían la tasa de interés mensual y que, por tanto, disparaban el capital adeudado, lo tornaban impagable. "La crisis se originó en las sombras, porque los bancos sí fueron cuidadosamente vigilados".

Otra gran reforma de Obama le apunta a garantizar una mayor transparencia de los papeles derivados, tema sobre el cual nos ocupamos en una nota anterior. Los futuros, las opciones y los "swaps" son formas de derivados. Comentaba alguien en Bloomberg en días pasados que ha sido tanto el temor de los especuladores con los futuros del petróleo, que, el solo anuncio de una regulación, ya había servido para controlar algo los precios del barril.

Colombia no ha padecido, por fortuna, los mismos problemas financieros del Tío Sam, pero existe, sí, la impresión de que en el caso de las pirámides, no había por acá un regulador único y con poder suficiente para impedir estas prácticas abusivas. La multiplicidad de reguladores: la Superintendencia Financiera, la Fiscalía y la Procuraduría demostraron por enésima vez su ineptitud.

Las instituciones financieras deben aceptar que su labor no sólo tiene que ver con obtener la mayor utilidad, sino con crear valor, ayudar a los consumidores, a las pequeñas empresas, a las organizaciones sin ánimo de lucro y, en general, a toda la economía.

 

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