Por: Iván Mejía Álvarez

Reingeniería

El fútbol colombiano no puede desperdiciar esta oportunidad para iniciar un trabajo serio, fundamentado, responsable y autocrítico que le permita hacer una reingeniería absoluta.

A este paciente agónico y terminal el Gobierno Nacional le está dando la ocasión de encontrar medicinas que le mejoren su estado y lo conviertan en viable y autofinanciable.

Tardaron demasiado tiempo en reconocer que iban rumbo a la quiebra absoluta y que tal deterioro lento pero progresivo terminaría en una muerte sin pena ni gloria. A la dirigencia del balompié nacional le costó tiempo reaccionar y en medio de sus mentirijillas y sus inculpaciones a factores externos (la prensa-el Mundial Sub 20-los jugadores-el sindicato-el Mundial de Sudáfrica), finalmente llegaron a la conclusión de que van para el despeñadero y que las huelgas de futbolistas por falta de pago, la ausencia de público, el pésimo nivel técnico y las violaciones reiteradas a la Ley del Deporte, que pueden terminar con la pérdida del reconocimiento deportivo, no son más que las manifestaciones de la gravísima enfermedad.

El tema del fútbol colombiano pasa por una sola cosa: los equipos gastan más de lo que reciben. Es un problema sencillo de egresos versus ingresos. Quieren seguir viviendo como ricos cuando son pobres. Por eso, para que la reingeniería funcione, lo primero que debe hacer la mediocre dirigencia colombiana es determinar una regulación para que los equipos presenten antes de la competición un presupuesto real. Va a entrar tanto dinero por patrocinios, mostrando contratos en la mano; tanto por taquillas, sobre bases reales y no ficticias; tanto por ventas, negociaciones palpables; otras fuentes de financiación y nos vamos a gastar tanto en sueldos, primas, premios y funcionamiento administrativo. Todo sobre hechos reales, claros, no sobre hipótesis, fantasías ni mentiras.

Y al cabo del ejercicio de cada campeonato quien no tenga los números adecuados y esté en deuda, deberá ser castigado, bien sea con puntos o con el reconocimiento deportivo, pero el campeonato no se puede seguir haciendo con cinco equipos serios y 15 “circos”.

Es doloroso pero real. La reingeniería no puede ser sólo para bajarles el sueldo a los futbolistas. Ésta tiene que ser para sancionar a los delincuentes que se roban los equipos, que los quiebran, que se llevan la plata en “torcidos” contratos en los que roban a los jugadores y a las instituciones.

Dirigentes ricos y equipo recontraquebrado, como Millonarios, exigen sanciones penales y medidas de alejamiento definitivo de esos sujetos de cuello blanco.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Iván Mejía Álvarez

Verdades a medias

Verdades a medias

Éxitos criollos

Evolucionando

El baile de los técnicos