Por: Ramiro Bejarano Guzmán
Notas de buhardilla

Reino de la hipocresía

Somos un país de farsantes, y da vergüenza reconocerlo, pero a la cabeza de todo se encuentra el subpresidente Iván Duque, el mandatario que ha demostrado que no se le puede creer nada, porque todo lo que dice y promete no resulta cierto.

Lo digo porque ahora que han coincidido las liberaciones sensibles del exmagistrado Francisco Ricaurte, Carlos Palacino y Carlos Mondragón, otro de los asaltantes de Estraval, por vencimiento de términos, Duque sale furioso a pedirle al Congreso una legislación que ni él ni su caótico Gobierno se han atrevido siquiera a proponer. Y no lo han hecho ni lo harán porque están improvisando, en especial con los gritos con los que esperan darle gusto a la galería ignorante que reclama cárcel para todos, mientras el Gobierno protege a Andrés Felipe Arias, que hoy disfruta de una cómoda prisión en una guarnición militar donde goza de privilegios tan espectaculares como que el delegado de la ONU en Colombia lo visite y lo oiga durante más de una hora. Obviamente, es difícil creer que tan conspicuo visitante de tan protegido reo se presentó en ese cuartel voluntariamente sin que el Gobierno le hubiere hecho una señal, porque ahora el propósito de la reforma a la justicia es diseñar soluciones que permitan dejar libres no solo a Arias, sino a Jorge Noguera, María del Pilar Hurtado y toda esa caterva de avivatos que dejó la Seguridad Democrática.

Mientras Duque y el Gobierno tejen toda la estrategia para excarcelar a sus amigos por vencimiento de términos, por la doble instancia retroactiva o por las intrigas de las que son capaces gracias al inmenso poder que hay detrás de ellos, por el otro lado se suman a la muenda mediática de esta semana por las excarcelaciones que se veían venir, aunque no todas les incomoden.

Duque pide medidas draconianas contra esta excarcelación frecuente, pero no informa que el sistema penal acusatorio está diseñado para que las personas comparezcan en libertad a los juicios y solo excepcionalmente sean privadas de la libertad antes de ser condenadas. Pero no, lo que está ocurriendo es que la excepción hoy es la regla. Y, como es previsible, las fiscalías, juzgados y cárceles están atiborrados de litigios con presos que no deberían estarlo. No sostengo, por supuesto, que sean injustas las detenciones de Ricaurte, Palacino y Mondragón, sino que el Estado se metió en esa aventura sin tener las bases suficientes para que los jueces pudieran condenarlos rápidamente, y como eso no fue posible, pues no hubo opción diferente a la de liberarlos. Aunque ese trío no genere aplausos sino sospechas y cuestionamientos, también merecen que el Estado les respete sus derechos, porque si no terminamos como en la republiqueta de Maduro. Lo que hay que reformar es que no pueda detenerse a nadie sino cuando se tengan evidencias suficientes de la probable culpabilidad, porque esas capturas para complacer a gobiernos o a la prensa terminan en frustraciones y condenas contra el Estado.

Liberados los tres angelitos que indignaron de dientes para afuera a Duque, los asustados magistrados del Consejo de la Judicatura se dejan tentar por la ola escandalosa orquestada desde el Gobierno para ocultar su inmenso desprestigio, y a las volandas abren investigaciones contra jueces, fiscales y abogados dizque para sancionar las faltas imposibles de detectar. Eso no es serio y en cambio sí es muy peligroso.

Así son las mentiras oficiales. Metieron al país en el populismo de la cadena perpetua para violadores de menores, pero no avanza el proyecto del estatuto anticorrupción, porque allí pueden crecer acciones contra varios alfiles de un Gobierno que por debajo de la mesa parece estar aliado con Odebrecht, la multinacional del soborno que, entre otras cosas, por cuenta de la nefasta administración en la Fiscalía de Néstor Humberto Martínez y su escudera o cómplice, la exvicefiscal María Paulina Riveros, podría salir airosa de la tormenta judicial, como muchos otros delincuentes de cuello blanco o con poder político.

Adenda. Confuso el despido intempestivo de los columnistas de Caracol Radio, curiosamente todos independientes. ¿Sugerencias del Gobierno?

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2019-08-25T00:00:43-05:00

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2019-08-26T11:10:05-05:00

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