Por: Augusto Trujillo Muñoz

Reino de la incertidumbre

Hace pocos días el profesor Oscar Delgado, de la Universidad del Rosario, envió a los usuarios de su red –ya famosa en el ámbito de la academia crítica- un interesante artículo titulado “Europa, el reino de la incertidumbre”. Su autor es el ex parlamentario tolimense Néstor Hernando Parra, residente en España desde hace unos tres o cuatro lustros, y uno de los grandes estudiosos de las recíprocas influencias que existen entre la ciencia económica y la ciencia política.

Parte el autor de una constatación: En la crisis que está afectando al primer mundo  hay un protagonista omnipresente: El Mercado. Los sectores vitales de la Unión Europea dejaron la iniciativa al mercado, mientras ellos juegan este complejo ajedrez político con las fichas negras. En Estados Unidos, por el contrario, el gobierno de Obama intenta jugar con las blancas, pero las poderosas fuerzas tradicionales de su país le apuestan a neutralizar su gestión.

Las preocupaciones de Parra no son nuevas. Es un analista que, permanentemente, critica la subordinación del estado a la mano invisible de los mercados, viejo esquema liberal que revivió e impuso la señora Thatcher desde la Europa insular, y continuaron los señores Mitterrand, Schröder y copartidarios en la Europa continental. Así mismo alerta por la precarización de las condiciones sociales, por la suerte del euro y de la misma Unión Europea que, como ha dicho el presidente de su Banco Central “vive la situación más difícil desde la primera guerra mundial”.

En efecto, Grecia, Irlanda y Portugal acusaron duros golpes que hacen visible en el horizonte las dificultades de Italia, España y Bélgica. Sus gobiernos, sus medios de comunicación, sus partidos políticos, en fin, sus sectores vitales y, por supuesto, las bolsas de valores actúan como si las certificadoras internacionales de riesgo fueran la mano visible del mercado omnipotente, cuyos fallos no sólo son rigurosos sino inapelables. En ese marco no hay duda alguna: la economía puede más que la política.

Sin embargo las crisis sólo se resuelven “jugando con las blancas”. Como lo intenta –no sin dificultades, por cierto- el presidente Obama en el caso norteamericano. Apuesta similar hizo el presidente Roosevelt para superar la gran depresión de 1929. Era necesario apelar a la imaginación creativa y, por eso, formuló una política a corto plazo con programas de asistencia social urgentes, y otra de largo aliento con redistribución de la riqueza y seguridad social. Claro, esas serían hoy medidas tradicionales de naturaleza muy controversial en un estado post-benefactor. Pero es a la imaginación creativa a la que están renunciando los dirigentes nacionales y comunitarios de Europa, que parecen incapaces de equilibrar las tensiones entre el estado-nación y las fuerzas globales.

A todo parecer el mal ejemplo gringo –oposición a la extensión de la seguridad social y discriminación a los inmigrantes- está invadiendo a casi todos los países de Europa. Por eso, concluye Parra, desde el punto de vista político surgen expresiones de protesta en Madrid, en Roma, episódicamente en Londres y en otras capitales, representadas sobre todo en estamentos juveniles afectados por lo que perciben como ausencia de futuro. Los gobiernos no usan la imaginación creadora pero si abusan de la represión.

Visto desde el campo económico “máxime si se tiene en consideración el atasco político de los Estados Unidos y su preocupante situación fiscal, la crisis no sólo ha tomado la forma de la “W” (double dip, en términos de la jerga económica inglesa), sino que ahora tiende a competir en el número de veces que esa consonante aparece como identificación para el acceso a la red global (“www”). El camino que queda por recorrer es largo e incierto. Es el que han escogido los líderes de hoy, los de la Nueva Europa”. Es lástima: Europa –que se ha inventado y reinventado a sí misma varias veces- parece extraviarse hoy entre carencias dirigentes e incertidumbre social.

*Ex senador, profesor universitario

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