Por: José Manuel Restrepo

Relación EE.UU.-Colombia, ¿nuevamente narcotizada?

Sorprendieron al país entero las expresiones del presidente de los Estados Unidos cuando amenazaba a Colombia como un país que podría ser descertificado si no lográbamos controlar cuanto antes el incremento en los cultivos ilícitos. Y este mensaje sorprendió, porque ha habido un esfuerzo grande de la policía y del ejército en la lucha contra la producción de droga, a pesar de las dificultades de muchas cifras recientes que no respaldan con resultados el esfuerzo realizado. Pero sorprenden en el marco de un momento en el que el país ha avanzado en esta relación diplomática con EE.UU. y que creíamos, ya se había superado la narcotización de las relaciones.

El esfuerzo diplomático posterior a esta declaración, sumado a la presencia del presidente en Nueva York, seguramente llevaron a que el subsecretario de Estado de EE.UU. para asuntos de Narcotráfico, William Brownfield, matizara las iniciales declaraciones del presidente Trump. Algunos otros interpretan esta declaración como un mensaje personal de Brownfield a algunos días de dejar su cargo y en señal de amistad con Colombia.

Pero sorprendieron también las reacciones de algunos en el gobierno y de muchos columnistas y medios que quisieron simplificar el problema de fondo que está posiblemente implícito en el fuerte y quizás inapropiado mensaje de EE.UU. Esta reacción, así como no puede dejar de reconocer los esfuerzos y sacrificios que ha tenido el país en la lucha contra la producción y distribución de la droga, tampoco puede esquivar el avance de las 60.000 hectáreas de coca que teníamos en el 2010 al histórico dato de 188.000 que tuvimos en el año 2016. Un crecimiento del 200 % en seis años, que nos ubica de nuevo como el primer productor de coca del mundo.

Pero así como del lado de la oferta hay una responsabilidad, también la hay del lado de la demanda. El problema de la droga no es sólo de hectáreas producidas, sino de gramos consumidos, y allí sin duda EE.UU. tiene igualmente una responsabilidad. De hecho, el consumo en el mundo ha pasado de 226 millones de consumidores en el 2010 a 247 millones en el 2014. Discusiones entonces como la legalización universal del consumo y serias campañas de prevención, aparte de otras dirigidas a la familia y a la juventud, merecen ser estudiadas para por lo menos reconocer que la política antidrogas a nivel universal ha sido un fracaso tanto en oferta como en demanda.

Pero dicho esto y de nuestro lado, las posiciones de “patriotismo lastimero” tampoco ayudan al problema. No es suficiente como el niño chiquito esconder nuestra propia debilidad con la de otro. El incremento de cultivos es aterrador y merece ser atendido.

Entre otras, porque superando la reacción de Trump, este es un asunto muy importante en las relaciones con EE.UU. Basta revisar el reporte independiente realizado por el muy serio centro de investigaciones Atlantic Council, que bajo la conducción de un congresista líder republicano y otro demócrata, y antes de la llegada de Trump, venía realizándose y que se publicó en mayo de este año bajo el título “A Roadmap for US Engagement with Colombia”. En dicho informe, que tuvo participación de líderes públicos y privados de lado y lado y de distintos espectros políticos, se llega a la conclusión de que es necesaria una nueva visión en la relación EE.UU.-Colombia que considere los avances en los temas de paz en Colombia, el incremento en los cultivos de coca, la incertidumbre con el Eln, así como la nueva realidad norteamericana.

De dicho informe queda claro que el apoyo a Colombia no puede ser “un cheque en blanco” y debe incluir resultados efectivos. Incluso dentro de la identificación de siete prioridades en la relación Colombia-EE.UU., que incluyen temas de paz, implementación de los acuerdos, inversión y crecimiento económico y participación política, entre otros, surge como prioridad número uno la disminución en los cultivos de coca.

Si queremos “desnarcotizar” la relación con EE.UU., el camino es demostrar resultados en la lucha contra la producción de droga y para esto muy poco sirve el falso patriotismo, lo cual tampoco significa dejar de seguir presionando respuestas y acciones efectivas por el lado de la demanda.

 

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de José Manuel Restrepo

Una despedida de esta casa

Hacia un acuerdo nacional

¿La revolución trasnochada de Córdoba 2018?

Carta al presidente electo