Por: Ana Milena Muñoz de Gaviria

Relaciones peligrosas

NO PARECEN CASUALIDAD PERO SÍ coincidencia las peleas que han casado nuestros vecinos con nosotros.

Si bien son distintas las razones que han originado la virtual suspensión de las relaciones diplomáticas y aun de las comerciales, éstas tienen más un origen ideológico y político que una razón real. Parece entonces que prima un rencor hacia Colombia, y especialmente hacia Uribe y sus funcionarios, ya que los vecinos ven en él un fuerte contradictor y harían cualquier cosa para desestabilizar su Gobierno.

Tanto para Venezuela como para Ecuador las desavenencias han tenido su origen en la cercanía de estos gobiernos —y aún más en el apoyo— con la Farc. En el caso de Ecuador, todo empezó cuando el Ejército de Colombia atacó el campamento de Raúl Reyes en la frontera con ese país. No es fácil olvidar la reunión de Presidentes en Santo Domingo en la que Correa forzosamente tuvo que darle la mano a Uribe, sin esconder su rabia. Las relaciones no son las mejores y se han buscado excusas para romper relaciones: el mejor ejemplo es la reciente orden de captura contra Juan Manuel Santos una vez dejó el Ministerio de Defensa; lamentablemente para Ecuador en esa jugada la Interpol no estuvo de acuerdo y el Gobierno logró proteger a su ex ministro. Al no poder por esta vía, Ecuador acudió a subir los aranceles de los productos colombianos buscando así una razón que, aunque en el marco de la Comunidad Andina no es legal, generará un efecto en contra de Uribe y una presión por parte de los empresarios colombianos.

En cuanto a Venezuela, las relaciones han tenido diferentes etapas y dificultades, pero en gran parte se debe igualmente a la cercanía y el apoyo de Chávez a la guerrilla. Siempre se ha creído que a través del gobierno venezolano llegan o se le venden armas a la guerrilla y esto se confirmó recientemente cuando se incautaron a las Farc lanzacohetes comprados a Suecia por Venezuela. Otros motivos de discordia fueron distintas declaraciones del entonces ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, y posteriormente fue la solidaridad con Ecuador ante el ataque del campamento de la Farc. A estos temas se suman las rabietas de Chávez cuando el Gobierno le quitó protagonismo en las negociaciones con la guerrilla e igualmente los desacuerdos por la cercanía de Colombia a Estados Unidos y las críticas por la cesión de las bases militares estadounidenses. Con estos eventos políticos y diplomáticos se ha llegado a la suspensión de relaciones, pero igualmente el instrumento de presión ha sido lo comercial y la amenaza de una posible expropiación de las empresas colombianas.

No ha sido fácil ni lo será entonces lidiar con Chávez y sus aliados, pues él quiere mandar en la región y cree que con la riqueza del petróleo todo lo puede hacer. El problema está en que puede hacer daño, pues en lo político se va a inmiscuir en las elecciones con la financiación de campañas políticas de amigos y afines a su ideología; en temas de orden público buscará desestabilizar con el apoyo a la guerrilla y otros grupos de oposición y, por último, en lo económico, con las exportaciones e inversiones de los empresarios colombianos. Peligrosos son entonces los vecinos por lo que hay que tener cuidado y manejarlos con guante de seda, aunque defendiendo nuestra autonomía como Estado y como nación para evitar lo que podría ser un problema en lo militar.

 

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