Rembrandt y Gandhi

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En esta primera semana de octubre se celebran dos efemérides de resonancia universal: el día 2, los 150 años del nacimiento de Gandhi, el genial inventor de la resistencia pacífica pasiva y un método de lucha social inusitado (la huelga de hambre), practicante de la desobediencia civil y padre de la independencia de la India; y este viernes 4, el 350 aniversario de la muerte de uno de los colosos de la pintura, el neerlandés Rembrandt von Rijn, a quien como a los grandes italianos —Leonardo, Rafael, Miguel Ángel— conocemos por su nombre y no por su apellido.

El tema de las efemérides me recuerda que por el sesquicentenario de la República Argentina, en 1966, el gobierno del Canadá le regaló al pueblo gaucho uno de los mayores y más hermosos de sus tótems tallados y polícromos. Amé ese tótem los ocho meses que viví en Buenos Aires por aquel entonces, amé el espectáculo de ese tótem que se ofrecía a mi vista una o dos veces por semana cuando llegaba al centro por la estación Retiro, frente a la cual lo habían emplazado, en un jardín ad hoc. Cuando regresé a Buenos Aires, en diciembre 2001, la plaza del tótem era uno de los lugares más frecuentados para el tráfico de droga al por menor, y el lugar hedía a orines, mugre y desidia municipal.

Con las efemérides celebradas por escrito, en diarios, revistas y pantallas, no corremos semejante riesgo de desacralización, pero muchas veces me pregunto por el sentido de tales celebraciones, que ya se están convirtiendo casi en una subespecie de la literatura, a medio camino entre el ditirambo y la biografía condensada.

Por otra parte, una mirada al calendario de efemérides nos dirá que en esta primera semana de octubre también se conmemoran el 70º aniversario de la proclamación de la República Popular China por Mao Tse-Tung; el 30º de las manifestaciones masivas en la RDA, por primera vez al grito de “¡Nosotros somos el pueblo!”; asimismo el 30º del reconocimiento legal de las parejas homosexuales en la pionera Dinamarca; y last but not least, diez años de la muerte de Mercedes Sosa. Hay, pues, dónde elegir.

Si entre esa media docena me decidí por destacar las efemérides que nos recuerdan a Rembrandt y Gandhi ha sido por la mayor proyección universal de sus obras, pero no por ello le resto importancia a las otras cuatro, cada cual tiene la suya. Y si alguno de mis lectores acudiera al foro de esta columna y me dijese: “Ayer cumplimos mi esposa y yo nuestras bodas de oro”, qué duda cabe de que una efeméride tan entrañable es bastante más importante que los 60 años de las primeras imágenes de la cara oculta de la Luna, otra de las que se registran en esta primera semana de octubre.

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