Por: Eduardo Sarmiento

Renovación de la industria

Al final de la semana tendrá lugar la asamblea anual de la Andi con la presencia de los candidatos a la Presidencia. En 1989, por invitación del presidente de la organización, Fabio Echeverri Correa, participé en el encuentro como conferencista central.

En ese entonces Echeverri recitaba el eslogan de que la economía va bien y el país va mal, con amplia acogida de los asistentes que lo percibían en carne propia. Las empresas elaboraban la mayor parte de los bienes industriales, entraban agresivamente en las materias primas y daban las primeras puntadas en los bienes de capital. A diferencia de los países de América Latina, Colombia había logrado conciliar las exportaciones industriales, que crecían a elevados ritmos, y la sustitución de importaciones. El sector representaba el 20 % del producto, crecía más que el promedio y mantenía la economía por encima de la tendencia.

Las razones del buen momento y perspectivas del sector obedecían a una estructura fina de protección que compensó las diferencias de productividad con respecto a los países desarrollados y generó aprendizajes que permitían entrar en actividades cada vez más complejas. Sin duda, se había logrado contrarrestar las desventajas tradicionales con respecto al café, el banano y el petróleo. Aun así, en los organismos internacionales y las altas esferas neoliberales del Gobierno se daban pasos grandes orientados a desmontar la protección y someter al sector a los arbitrios del mercado.

De todas formas, en varias columnas y libros se advirtió que los cantos de sirena de que el libre comercio induciría a aumentar las exportaciones industriales y configurar una organización más moderna de mayor productividad se basaba en la teoría de las ventajas comparativas, que no se cumple en los países en desarrollo, en particular en Colombia. En estos países los bienes que pueden ser elaborados más fácilmente enfrentan serias limitaciones de demanda y dan lugar a balanzas de pagos deficitarias financiadas con inversión extranjera.

En la ciencia económica, muchas veces hay que esperar décadas para confrontar los experimentos realizados con la realidad. Así ocurrió con la apertura comercial extremada en la administración Gaviria. Luego de 25 años el sector regresó al segundo peldaño de desarrollo industrial, la participación bajó a 10 % -del producto-, lleva cuatro años en recesión y la diferencia de productividad con el resto del mundo aumentó.

En general, se observa una inclinación a buscar las soluciones de la industria en los países de la OCDE. No se advierte que los esfuerzos de estos países en investigación y acuerdos comerciales se orientan a quebrar la cadena productiva para especializarse en los componentes de mayor productividad, y dejar las partes restantes a los países en desarrollo, como el ensamble. Por lo demás, tienen proscrita la protección en la forma de aranceles y subsidios, y pretenden reemplazarla por la ampliación de la tributación indirecta (como el IVA), agravando las condiciones de inequidad de los países en desarrollo.

Las condiciones básicas para el desarrollo de la industria se han aclarado y reafirmado en la experiencia de las tres décadas. Los países no pueden avanzar sin la protección que compense la diferencia de productividad con los países desarrollados. Adicionalmente, se requiere un marco general que propicie la expansión del sector por encima del producto, como sería la conformación de superávits en cuenta corriente y el mantenimiento de altos niveles de ahorro. Lo cierto es que la solución no hay que buscarla en los países de la OCDE, sino en la historia nacional. En el fondo, la recuperación de la industria no es otra cosa que poner en blanco y negro lo que se dejó de hacer en el pasado por mitos equivocados.

 

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