Renta básica de emergencia: condicionada y “nocional” para modificar cultura

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El desacuerdo cultural tiene implicaciones de diseño, discurso y financiación de largo plazo.

No es menor la carga cultural de la renta básica de emergencia propuesta: profundiza los valores y comportamientos que estancan nuestro desarrollo económico, en vez de buscar modificarlos en la dirección correcta.

Sus promotores dicen que serían “transferencias no condicionadas”. Se entiende que en una situación de privaciones básicas no se debe condicionar la recepción del recurso. Pero el condicionamiento puede ser posterior y comportamental. Es una decisión de política si la renta básica opera como incentivo en un sentido u otro.

En teoría, si la renta básica se provee en giros mensuales, los hogares vulnerables que tengan un integrante con comparendo de la Policía por infracción de las medidas de prevención del contagio podrían recibir 15% menos en el segundo o tercer giro. Tal vez un 20% menos si ha organizado una rumba clandestina.

Es un ejemplo de cómo se puede “condicionar” sin negar el recurso. El país tiene una amplia experiencia en transferencias monetarias condicionadas que sería bueno aprovechar. La crisis es una oportunidad para impulsar un cambio de comportamientos y, a la larga, cultural. Por eso resulta fundamental refinar el concepto de “transferencias condicionadas” y aplicarlo.

El otro mensaje inquietante es sobre “quién paga la cuenta”. No hay $24 billones disponibles para una renta básica de tres meses para nueve millones de hogares, ni producimos lo suficiente como para pensar en ponerla permanente. No es tan fácil como ir a quitarles unos billones a los ricos, dejar de pagar deuda externa o emitir billetes.

Pero los promotores de la renta básica dan a entender que sí es fácil. El mensaje es que con la economía y la productividad que tenemos lo que falta es voluntad política para implantar un “ingreso universal”. Afortunadamente no tenemos esa “voluntad política” porque no hay cómo respaldar ese gasto en la economía real.

El “ingreso universal” básico que necesitamos es uno fundado en el trabajo de la población económicamente activa. Es una utopía la idea de una sociedad donde las personas tienen el derecho fundamental de un ingreso mínimo vital sin importar cuántas trabajan, con qué productividad, en qué tipo de economía y sin importar el recaudo tributario.

Más sentido tiene aplicar la metodología de las “cuentas nocionales” a la renta básica de emergencia como un préstamo del Estado/sociedad a cada individuo que se paga con impuestos y otras formas de valor para la economía y la sociedad, de modo que el vínculo “contractual” entre Estado e individuo sea más evidente en términos de derechos y deberes.

Más ampliamente, una “cuenta nocional” por colombiano permitiría ver cuánto invierte la sociedad en él y cuánto el individuo hace por la sociedad o produce. La noción de autorresponsabilidad se diluye cuando “tengo derecho a todo por el solo hecho de existir”, sin importar nada más.

Que es justamente el mensaje que estamos reforzando. Así se estimula que no pocos malgasten el dinero y luego cometan asonada porque no les ha llegado el mercado del Gobierno o el ingreso solidario. Hay que cuidar las consecuencias culturales del COVID-19.

@DanielMeraV

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