Por: Uriel Ortiz Soto

Renuncia de los Elegidos

Causa verdadera indignación que algunos políticos irresponsables que se hicieron elegir en las elecciones regionales del 2007 para gobernaciones, alcaldías; concejos y asambleas pretendan ahora presentar renuncia a sus cargos para acceder a otro por elección popular en los comicios del próximo 30 de octubre.

Semejante adefesio no lo deben permitir los directorios y movimientos políticos que los avalaron, ni mucho menos las autoridades electorales y los Honorable Magistrados de las Altas Cortes.

El Honorable Consejo de Estado, en su sana lógica y sabiduría, - que en los actuales momentos estudia consulta en tal sentido-; en aras de preservar la unidad administrativa regional y de las corporaciones legislativas departamentales y municipales, debería negar de plano tal pretensión, de no hacerlo, estaría contribuyendo a fomentar la anarquía y a reconocer la poca seriedad que existe de parte del Estado para con el ciudadano en las gestas electorales.

No es sano para una democracia y mucho menos para la administración pública, que a quienes fueron elegidos por votación popular para un período constitucional, se les acepte la renuncia por mera decisión unipersonal, dejando a sus electores abandonados a su suerte. Es entendido que quienes se hacen elegir mediante el sufragio deben cumplir su período Constitucional, salvo los casos de fuerza mayor, o fortuitos contemplados en la Ley.

Considero que no existe autoridad competente para aceptar la renuncia del elegido cuando la decisión se presenta por voluntad propia, es decir, sin que medie circunstancia que lo amerite. De aceptarla, la Corporación o Superior que la decrete, se estaría extralimitando en sus funciones por tomar decisiones que no le corresponden.

Una renuncia de esta categoría, es considerada ilegal y fuera de argumentación jurídica, puesto que al ciudadano votante al momento de depositar el voto en las urnas, se le dijo por medio de la papeleta  electoral, que iba a votar por determinado candidato, para un periodo Constitucional claramente establecido, el cual aparece impreso en el sufragio elaborado por la Registraduría Nacional del Estado Civil.

Para ser válida la renuncia voluntaria y unipersonal, habría que modificar la Constitución Política, en el sentido de hacerle saber al elector que: “el candidato por el cual va a votar, puede presentar renuncia a su investidura cuando lo considere conveniente”. De aprobarse semejante esperpento se le estaría quitando toda la seriedad y majestad al sufragio y entraríamos en la etapa de los infantilismos electorales. 

Es claro que las vacancias de los elegidos, pueden ser temporales o definitivas por casos contemplados en la Ley, como el de fuerza mayor, o fortuitos: enfermedad que le impida desempeñar adecuadamente el cargo, por muerte o por sentencia judicial. Pero, que lo haga por voluntad propia, es un engaño al elector y tanto las autoridades Electorales, como el Honorable Consejo de Estado, Jamás deberían permitirlo.

Lastimosamente, en los actuales momentos, el Honorable Consejo de Estado, puede acoger las dos teorías: aceptar o rechazar la consulta elevada en tal sentido, puesto que no existe una norma electoral que defienda al elector de las voracidades de algunos elegidos, que una vez logran su cometido los manipulan, no cumpliendo con sus deberes o renunciando voluntariamente a sus cargos como en el caso que nos ocupa.

Si analizamos esta figura más de fondo, nos encontramos con una serie de circunstancias que van más allá de los delitos electorales, como por ejemplo cometer serios atropellos contra la administración pública de los departamentos y sus municipios, el negocio de las curules, o el carrusel tan de moda en el Congreso de la República, que le permite a los asistentes de ciertos Congresistas, pensionase como tal, con solo seis meses de trabajo legislativo. 

Las renuncias voluntarias la mayoría de las veces han sido convenidas o negociadas con los caciques de turno para dar oportunidad a que otro de sus pupilos ingrese al cargo, lo más grave, inventándose toda calase de engaños y trapisondas para lograr sus objetivos.

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