Por: Cristo García Tapia

Renuncie, ministra

En Colombia, el gobierno ha creado un Ministerio de la Ciencia, Tecnología e Innovación que más parece un organismo con poder, presupuesto y facultades, instituido para negar, o renegar, de la ciencia, la tecnología y la innovación. 

O, para “refundarlas”, como alguna vez se hizo con la Patria, en Ralito, Córdoba.

Un novel ministerio, cuyos preceptos fundacionales reivindican, en el papel y la exposición de motivos para su creación por el Congreso de la Republica, la promoción de políticas de ciencia, tecnología e innovación que generen “capacidades, promuevan el conocimiento científico y tecnológico, contribuyan al desarrollo, al crecimiento del país y se anticipen a los retos tecnológicos del futuro”.

Desde luego, de un ministerio que nacía bajo auspicios tan promisorios era de esperar un rector con las más altas calificaciones y títulos saneados y reconocidos por la comunidad científica local y mundial, que en Colombia los hay, y no uno habilitado para producir agüitas, compuestos y “tomas”, entre otros y tantos brebajes, según se desprende del oportuno, objetivo e imparcial relato escrito por el periodista Pablo Correa y publicado el 10 de enero de 2020 en El Espectador

De ninguna manera, en ninguna circunstancia, política, partidista, racial o de género, para nominar a alguien que, al amparo de una investigación científica de pálpitos, sin pruebas ni evidencias positivas, se salta todos los pasos, la investigación, experimentos, pruebas y ensayos  en el desarrollo de un producto farmacéutico, del mismo modo que, sin el menor juicio crítico y valoración de su conducta personal y profesional frente a un suceso de tanta trascendencia, se vuelve a saltar, a “desaparecer”, la ética como praxis ineludible del hacer y producir científico.

Quizá, imbuido por la emoción que le producían sus clientes al reportarle, desde diferentes sitios de Colombia, que su bebedizo de hongos, raíces y otros sabores autóctonos les habían “curado” y “desaparecido”, entre un sorbo y otro de tan llamativa pócima, un cáncer de cerebro, seno o cuello uterino. Y quién sabe qué otros males más que, por la lejanía, selvas y ríos que se interponían, no alcanzaron a ser reportados para registrar en la hoja de vida y currículo de quien se alzaba con el ministerio más conspicuo de nuestra nomenklatura oficial.

Entre tanto, démosle al presidente Iván Duque el beneficio de la buena fe de congraciarse con el Chocó, con sus saberes y medicinas ancestrales, en el nombramiento de alguien de allá para un ministerio que demandaba un perfil con títulos saneados de altas competencias, saberes y praxis soportados y avalados en la ciencia, la academia, la comunidad científica local e internacional. 

Del mismo modo y con todo comedimiento, pidámosle que en acto de superior interés demande de la ministra de Ciencia, Tecnología e Innovación, su dimisión del cargo.

Colombia, la ciencia, la tecnología, la innovación y la ética, la comunidad científica, la academia, la medicina, los enfermos de cáncer y los “retos tecnológicos del futuro” de seguro van a tener siempre en alta estima su sabia decisión.

Y si no es demasiado, pedirle a los órganos de control y DNP que indaguen por los cuantiosos proyectos de ciencia, tecnología e innovación que, con dineros de las regalías, ejecutan los departamentos y municipios. A lo mejor no encuentran nada que implique malversación y robo de esos dineros. O, en el peor de los casos, van a llevarse sorpresas con proyectos financiados para descubrir el agua tibia, arar en el mar y llover sobre mojado.
 
* Poeta.

@CristoGarciaTap

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