Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Repensando Minambiente

NO SON POCOS LOS TEMAS Y RETOS que se enfrentan para dividir el Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial en un Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADS) y otro de Vivienda.

La primera pregunta es dónde quedará ubicada la función del Ordenamiento Territorial, en un país donde hay muchos usos del territorio que están por definirse y que en algunos casos se contraponen o son excluyentes. Las áreas urbanas crecen a ritmo desenfrenado con grandes debilidades en su planificación ambiental, poco verde en medio del cemento y ocupando tierras agrícolas; las concesiones mineras se solicitan en todos los rincones del país, incluso sobre ecosistemas naturales de alto valor económico y estratégico de largo plazo; se destruyen áreas claves de conservación hídrica, dejando más del 50% de los acueductos municipales sin agua en los períodos secos, y los ecosistemas naturales se deterioran y transforman en un país donde la biodiversidad es la mayor por unidad de superficie en el mundo y las compensaciones económicas que por su conservación se están generando en el contexto internacional pueden significar ingresos económicos mucho mayores que los generados por usos alternativos como minería, agricultura o ganadería. Por esto y otros conflictos de uso similares, el Ordenamiento Ambiental Territorial es un tema crítico para el presente y el futuro de la nación.

El presidente Santos en su discurso de posesión, al referir el mensaje de los mamos de la Sierra Nevada de Santa Marta, dijo: Tierra, agua, naturaleza y buen gobierno —esos símbolos preciados— harán parte integral de la administración que hoy empezamos, y todos tienen estrecha relación con la gestión de un MADS fortalecido, que es lo que esperamos surja del ajuste institucional propuesto.

El nuevo MADS debe entrar con jerarquía a interactuar con otros sectores de gran relevancia en la economía nacional. En el gobierno anterior, Minambiente sólo viabilizaba las agendas de los otros sectores; ahora debe pasar a ser un Ministerio propositivo, donde las agendas sectoriales no sólo encuentren un interlocutor, sino un guía para su planificación. Aspectos ambientales deben viabilizar o frenar posibilidades de desarrollo sectorial. La minería no tiene posibilidad en algunos espacios de la geografía nacional y sólo será viable aquella de bajo impacto ambiental, una minería social y ambientalmente responsable exige trabajo de calidad técnica e interlocución política y económica desde MADS; los conflictos sociales asociados al uso y conservación del agua deben superarse mediante la ejecución estricta de los planes de manejo de las microcuencas abastecedoras, utilizando cuando sea necesario el pago de servicios ambientales para quienes conservan sus áreas criticas. Las carreteras y la infraestructura en general debe planearse considerando como prioridad la conservación de los servicios ambientales de escenarios naturales únicos que poseemos. Un tema global e intersectorial como el cambio climático exige un MADS fuerte para definir una estrategia nacional y abrir un mayor espacio en las negociaciones internacionales para negociar transferencia de recursos; somos un país con importantes servicios ambientales de beneficio global. Debemos asegurar que si disminuimos la tasa de deforestación seamos compensados como ya lo están siendo Brasil y Guyana.

Estas y otras tareas exigen al nuevo MADS, como institución solida y fuerte para la interlocución nacional e internacional, mucha economía y planificación en sus cuadros técnicos. El reto no es sencillo.

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