Por: Tatiana Acevedo Guerrero

Reportan graves inundaciones

Aguaceros largos, fuertes, a veces con piedras de granizo, siguen encharcando las ciudades de Colombia. Al final de agosto, a finales de julio, de mayo, de abril, barrios al norte y al sur de las ciudades reportaron ríos en sus calles y pérdidas de vehículos, viviendas y días de trabajo. Aunque estas inundaciones suelen ser anuales o de alguna forma periódicas, de tanto en tanto son más fuertes y más destructivas. Para que la lluvia haga la vida imposible en la ciudad deben reunirse condiciones específicas.

Con el crecimiento, especialmente de las áreas metropolitanas, las inundaciones crecen tanto en intensidad como en frecuencia. Las altas tasas de aumento de la población urbana tienden a reducir significativamente las superficies permeables. Es decir, redujeron la capa vegetal que, en el pasado, absorbió parte de las aguas pluviales y evitó que ahogaran inmediatamente algunas calles con deficientes servicios de drenaje. Durante el periodo de más alto desplazamiento forzado hacia ciudades grandes y pequeñas aumentó la desigualdad. La diferencia en los ingresos, la urbanización de zonas metropolitanas con menores presupuestos (no Bogotá sino Soacha, no Barranquilla sino Soledad) coincidieron con problemas en la recolección de basuras. Las basuras sin recoger taponan las vías por las que viaja la lluvia una vez cae a las calles. Taponan también las bocas de los ríos a los que debería llegar esta lluvia. La urbanización desigual y los problemas, no sólo en infraestructura de drenaje sino también recolección y disposición de basuras, contribuyen a la formación de las inundaciones en algunos sectores.

Así, los barrios de ingresos más precarios son usualmente los que acumulan (o deben tener como vecina) la basura y el agua de las inundaciones. En ocasiones estos barrios tienen infraestructura de drenaje, pero esta no tiene las mismas que tiene la de otros barrios. Las variaciones entre desagües e infraestructura para tormentas son evidencia del compromiso desigual del estado. Un ejemplo de esto puede ser el de las canalizaciones de los arroyos en los barrios barranquilleros como el Country en comparación con aquellas de la zona metropolitana en la vecina Soledad. A pesar de que el estado invirtió en infraestructura de drenaje en ambos lugares —Country y Soledad— estas inversiones no fueron equivalentes y, por lo tanto, las licitaciones dieron lugar a dos diseños diferentes, uno más complejo y eficaz (una canalización de inversión millonaria) que el otro (una fosa pequeña de cemento). Diferentes infraestructuras para calles de una misma gran ciudad que transportan las mismas aguas de lluvia hacia el mismo río.

Las inundaciones involucran al agua en diversas formas. El agua de las tormentas inunda las calles de asfalto —especialmente aquellas que carecen de buen drenaje y recolección de basuras— formando inundaciones. Estas, a su vez, arruinan la infraestructura eléctrica mal mantenida causando cortes de energía. Estas interrupciones provocan cortes de agua debido a la falta de electricidad en algunas de las estaciones de bombeo urbanas. La vida cotidiana se hace difícil y, en la rutina, de aguacero en aguacero, se pierden de vista todas las acciones y omisiones que en las últimas décadas han asegurado la vulnerabilidad de estos barrios. De la zona suroriental de Cartagena, en los barrios Ceballos, Nuevo Campestre y España. En Santa Marta en los barrios San Jorge, Alto Delicias, Ondas del Caribe, Nacho Vives, Los Fundadores y Galicia. En los barrios San Miguel, Progreso e Independencia, de Mocoa. En el barrio Santa Rita de Sabanagrande. En el área metropolitana de Bucaramanga, en Piedecuesta. En los barrios Natania y Back Road en la ciudad de San Andrés. En Condoto, Unguía y Quibdó.

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