Por: María Teresa Ronderos

A rescatar la prensa regional

Cuando el Denver Post se rebeló el año pasado contra el fondo que lo había comprado por exprimir la marca, recordó que los diarios locales “llevan el registro público de los sucesos, son perro guardián contra la corrupción pública y privada, ofrecen un mercado libre de ideas y son un faro que refleja y protege los valores y metas de una comunidad”.

En Colombia, con una institucionalidad más frágil, la buena prensa regional además protege el territorio de las múltiples plagas que lo acechan y, en efecto, la nuestra ha impedido que las mafias se tomen la vocería de la gente. Ha enfrentado el ruido de bombas y metralletas con palabras dignas, una osadía que no le perdonan aún hoy. La Opinión de Cúcuta, La Patria de Manizales, El Pilón de Valledupar y El País de Cali perdieron directivos y columnistas a manos de ejércitos de todas las ideologías, y a muchos otros medios les asesinaron sus reporteros y fotógrafos. A Vanguardia Liberal la volaron, y a El Colombiano de Medellín y El Nuevo Día de Ibagué, entre otros, les amenazaron sus mejores reporteros y les quemaron ediciones. El Heraldo de Barranquilla, El Universal de Cartagena y El Meridiano de Córdoba cubrieron el imperio criminal y las masacres, buscando las palabras exactas para poder seguir informando a su público, así fuera en clave.

Hoy enfrentan otro riesgo quizás más letal: la disrupción digital les está haciendo añicos sus fuentes de ingresos y muchos están dando pérdidas.

Países con democracias más pertinaces que la nuestra hacen esfuerzos enormes para salvar a sus medios locales. La fundación SpareBank, la principal caja de ahorro de Noruega, compró el grupo Amedia con 124 periódicos locales, lo convirtió en una fundación y le dio un crédito blando para “preservar el aporte fundamental que éstos hacen al desarrollo de sus comunidades”. Recortaron costos en todo menos en equipos periodísticos. En Estados Unidos, donde han desaparecido 1.800 periódicos desde 2004 y hoy hay la mitad de los reporteros locales, hay diversas iniciativas para revivir la prensa local, desde incentivos como el American Journalism Project, hasta un fondo de fomento al periodismo local inventado por el estado de New Jersey.

Sería trágico que, después de haber resistido tantos embates, sea por falta de dinero que los mejores medios regionales colombianos sucumban ante el crimen organizado (o su equivalente en la política). O que acaben sus días desprestigiados a ojos de sus lectores porque pusieron su periodismo, antes libre, a merced de anunciantes privados y favores oficiales.

Aquellos pocos filántropos nacionales que aprecian el periodismo de calidad como un bien estratégico para que mercados y gobierno funcionen mejor harían un gran aporte democrático ayudándole a la prensa regional a invertir en equipos editoriales más fuertes, mejor entrenados y capaces de poner la tecnología al servicio de sus comunidades. Y con un empujón de capital, a los medios se les abriría la oportunidad (y la responsabilidad) de salvarse a sí mismos. No se trata de poner un “paywall” y rezar para que la gente pague por acceso. Como dice Rasmus Nielsen, director del Instituto Reuters de Oxford, “el cambio clave está en producir un periodismo cada vez mejor y más oportuno, por el que la gente sienta que vale la pena pagar”. Eso significa informar con rigurosidad lo que pasa y por qué pasa, escuchar y acoger la sabiduría de los lectores, y con ellos construir una agenda que defienda el interés público, y de nadie más.

P.S. Después de casi cinco años en el exterior, gracias a la generosidad de El Espectador y de Fidel Cano, retomo a partir de hoy esta columna quincenal.

@mtronderos

840405

2019-02-19T00:00:56-05:00

column

2019-02-19T00:15:01-05:00

[email protected]

none

A rescatar la prensa regional

29

6635

6664

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de María Teresa Ronderos

La grieta

Si no desconfiaran de los líderes sociales…

Las justicias especiales y la memoria selectiva

Ya está bien de esconder