Por: José Fernando Isaza

Reservado

En la categoría de “pronóstico Reservado” se encuentra el proceso de negociación con las Farc.

Cuando se inició,  hace ya  casi tres largos años, una de las reglas era negociar  bajo fuego. La razón del Gobierno para no decretar una tregua bilateral era que se daría una ventaja militar a la contraparte y una baja motivación para culminar en tiempo razonable los acuerdos que lleven al fin del conflicto .  Aunque ninguna de las partes lo admitió, luego de iniciar el proceso la guerra se desescaló. A partir de la tregua unilateral decretada por las Farc en noviembre de 2014, las acciones militares con enfrentamientos se redujeron en el 90%. Esta cifra es una realidad, así quienes quieren la “pax romana” con 100.000 o más muertos no lo reconozcan. Hoy el escalamiento del conflicto muestra que  se cumplió el cese al fuego unilateral.
 
Las mismas Farc que decretaron la tregua la violaron, sin previo aviso, con el ataque mortífero al improvisado campamento militar de Buenos Aires, Cauca. Los errores militares en que pudo incurrir el Ejército no justifican ni excusan un ataque que tendría consecuencias políticas. Una opinión cansada del accionar de la guerrilla califica de asesinato la muerte de los militares en combate y de bajas las muertes de los guerrilleros en bombardeos nocturnos. Debía de ser previsible por parte de los dirigentes de las Farc que el Gobierno reaccionaría con bombardeos a los campamentos guerrilleros. Antes del ataque a Buenos Aires, de hecho, se estaba viviendo una tregua bilateral al haber cesado el Ejército los bombardeos a las concentraciones guerrilleras. 
 
Todo esto se desmoronó. Sin desconocer el derecho del Estado a defenderse militarmente ante los ataques armados, la respuesta casi inmediata de reiniciar los bombardeos como retaliación al ataque mortífero a la patrulla militar deja un cierto sabor de venganza. Puede pensarse el siguiente escenario hipotético: ante la insensata violación de la tregua por las Farc, los negociadores obtienen de esta una condena real a este ataque con sanciones a quienes lo realizaron y una garantía efectiva de continuar la tregua unilateral,  a la vez que un compromiso real en los tiempos de negociación. Tal vez el país se estuviera ahorrando los costos humanos y económicos de la arremetida guerrillera.
 
Las emboscadas, los ataques a la infraestructura, los daños ambientales causados no son la mejor estrategia electoral para un grupo armado que reivindica su origen político y su voluntad de cambiar las armas por los votos. Pareciera que quieren enviar un macabro mensaje: “tenemos intacta nuestra capacidad de causar daños irreparables al Gobierno”. Pero estos daños se causan a poblaciones vulnerables como los habitantes Buenaventura, Tumaco, Putumayo. Un grupo armado que en su discurso político aboga por la conservación del medio ambiente no puede contaminar ríos y afectar el suministró de agua potable. Una pequeña luz: la condena de las Farc al ataque al acueducto de Algeciras y la promesa de sanción a los responsables.
 
En los años 60 del siglo pasado, los movimientos insurgentes hablaban de la “propaganda armada”, acciones de alto impacto mediático. Hoy el accionar de las Farc no encaja en esta denominación El cambio geopolítico hace que su accionar se asemeje a acciones de terrorismo.
 
Hay que apoyar al Gobierno y a sus negociadores en La Habana  para que se logre poner punto final a este inútil sufrimiento.
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