Por: Gloria Arias Nieto

Resetearnos

Más de 150 líderes sociales —campesinos, defensores de derechos humanos, abanderados de restitución de tierras, hombres y mujeres con los ojos en “modo conciencia”— han sido asesinados en 18 meses en distintos municipios y veredas de Colombia.

La muerte violenta de tantas personas del mismo perfil y actividad se llama exterminio sistematizado. Pero hay hipótesis lavamanos que son más cómodas, levantan menos ampollas y se usan cuando la verdad resulta demasiado difícil de manejar.

Olvidamos —o nunca supimos— los nombres de las víctimas, de sus pueblos, sus pérdidas y tensiones. Olvidamos la medianoche de los desplazados y los charcos de sangre y adiós.

Sabemos que para solucionar un problema lo primero es reconocer que existe. Bueno, pues urge que éste y el próximo Gobierno enfrenten esta “muerte anunciada” con seriedad efectiva, y no con frases trilladas ni explicaciones compradas en miscelánea de barrio.

Señores Gobierno/autoridad, entérense de una vez: los líderes sociales no están matándose a botellazos en peleas de bar, ni por celotipia conyugal. Hay que llamar las cosas por su nombre, así el nombre sea exterminio, ausencia de Estado, o caos territorial. Actúen como si de verdad creyeran que “la vida es sagrada”, porque en efecto lo es, y por defecto se pierde.

En otra arista de la paz, celebro el nombramiento de Gustavo Bell como jefe del equipo negociador con el Eln.

Bell es intelectual y poeta, un filósofo de la paz y la equidad; un profundo conocedor del país. Le tengo especial afecto porque él dignifica las relaciones humanas; lo admiro desde sus épocas de vice, y conservo con orgullo y nostalgia los mensajes que a veces me enviaba, mientras sobrevolaba algunos de nuestros más conflictivos y apartados lugares de Colombia. Él me enseñó la consigna de cambiar los círculos viciosos por círculos virtuosos, y viéndolo bien, de eso se tratan el perdón, la inteligencia y el desarrollo.

Creo mucho en el exvice. Le confío mi confianza, y siento que podrá conducir con neuronas, firmeza y bondad el proceso de paz que le encomendaron.

Nos aguarda un año lleno de importantes desafíos; el primero será no tirar por la borda todo lo ganado en los acuerdos de paz, y para ello hay que cumplir lo prometido y resetearnos como sociedad.

Pedalearle a la paz implica derrotar escepticismos, abismos, narcisismos, egoísmos y todos los “ismos” que huelan a discriminación, inequidad y cobardía.

Ah, señor registrador: a estas alturas del posconflicto, le queda muy mal decir que en las elecciones del 2018 no podrá incluir las curules de las víctimas, porque “no tenemos tiempo para preparar la logística”. Consiga más gente, pague horas extras o compre el software de la NASA, pero no le haga eso a la paz; no me diga que el tema lo tomó por sorpresa…

He dicho públicamente que votaré por De La Calle. No hacerlo me parecería un desperdicio, ingratitud con el pasado y crueldad con el futuro. Solo una respetuosa sugerencia para mi candidato: le ruego que mire con lupa las alianzas que le proponen: hay sumas que restan, y Gustavos que aterran.

Que tengamos —todos— un 2018 en paz; con familia y cariño, verdad, generosidad y resilencia.

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